Profr. Marcelino H. Martínez
Miren hay una verdad que quienes llegan a un cargo público nunca deberían olvidar???? El poder tiene fecha de caducidad, pero la memoria de la gente no.
Los cargos pasan, las oficinas cambian de nombre, los gobiernos terminan y quienes ayer caminaban rodeados de gente mañana pueden volver a ser ciudadanos comunes. Así es la vida pública,la política es como una rueda de la fortuna o el columpio a veces se está arriba y otras veces se está abajo.
El problema comienza cuando algunos olvidan que están ahí para servir y terminan convirtiendo la política en un circo, donde aparecen personajes haciendo malabares con promesas, discursos y ocurrencias para entretener al público.
Pero gobernar no es un espectáculo,
El pueblo no necesita payasos ni funciones de temporada; necesita resultados. Necesita autoridades que escuchen, que resuelvan, que respeten y que entiendan que un cargo público no es propiedad personal, sino una responsabilidad que algún día tendrá que entregarse.
La historia de México nos ha demostrado que las decisiones del poder pueden dejar huellas profundas. El 2 de octubre de 1968 forma parte de esa memoria que duele y que, precisamente por eso, no debe olvidarse. “2 de octubre no se olvida” representa también una advertencia para las generaciones presentes, bien secdice si el diálogo se sustituye por la fuerza y la tolerancia por la imposición, la sociedad termina pagando un precio demasiado alto.
Lo digo también desde una mirada personal, he visto pasar gobiernos, funcionarios, discursos y promesas. Y con el tiempo uno comprende que el pueblo puede olvidar muchas palabras, pero difícilmente olvida cómo fue tratado.
Al final, no serán las fotografías, los aplausos, los eventos ni los discursos los que definirán a un gobernante. Será la memoria de la gente.
Por eso, a quienes hoy tienen una responsabilidad pública les diría con respeto, no le teman a la crítica, escuchen al ciudadano. No dividan para gobernar, unan para servir. No utilicen el poder para someter, utilícenlo para resolver.
El poder termina,el cargo termina, y el aplauso también.
El espectáculo termina y los que estaban a Tú alrededor se van.Pero queda algo que ningún decreto puede borrar la memoria del pueblo.
Y cada gobernante, con sus decisiones, está escribiendo desde hoy la página que mañana la sociedad habrá de recordar.
El poder pasa; la memoria queda. Así que cuando se apagan las luces del circo político, solo permanece lo que verdaderamente se hizo por el pueblo y lo que vieron los espectadores.