Profr. Marcelino H. Martínez
Hay personajes que llegan a la política para gobernar; otros llegan para romper esquemas. Y hay quienes parecen entender la política como un escenario donde cada día debe haber una función distinta.
José Luis Romero Calzada, conocido como “El Tecmol”, se ha convertido en uno de esos personajes difíciles de ignorar en la vida pública de Ciudad Valles. Su estilo es disruptivo, polémico, provocador y, para muchos, fuera de los moldes tradicionales de la política.
Desde hace varios años ha mantenido una presencia constante en el municipio y nuevamente ha dejado ver su intención de competir por la Presidencia Municipal en 2027. Los reflectores, las redes sociales, los eventos, los espectáculos y las acciones públicas forman parte de una estrategia de posicionamiento que, guste o no, ha logrado llamar la atención.
Pero aquí comienza la discusión que como ciudadanos debemos atrevernos a plantear.
¿Hasta dónde puede llegar la política convertida en espectáculo?
Una cosa es acercarse a la gente, convivir con ella, escuchar sus necesidades y ayudar cuando se puede. Otra muy distinta es que la política termine reducida al entretenimiento, a la ocurrencia, al escándalo o a la permanente búsqueda de reflectores.
El personaje puede gustar de hecho, muchos ciudadanos se identifican con su manera directa de hablar y con esa personalidad que rompe con la política tradicional. Eso también es una realidad y sería un error ignorarla.
Pero gobernar un municipio es otra cosa.
Gobernar significa administrar recursos públicos, enfrentar problemas de seguridad, resolver necesidades de agua, caminos, servicios, salud, educación, infraestructura y desarrollo económico. Significa sentarse con diferentes sectores, escuchar incluso a quienes piensan distinto y tomar decisiones que afectan a miles de familias.
Por eso la pregunta no es si un político puede ser irreverente.
La pregunta es,…. ¿qué clase de funcionario queremos cuando llegue el momento de tomar decisiones desde el gobierno?
Porque una campaña puede ser divertida, estridente y hasta espectacular. Un Ayuntamiento no.
Y existe otra pregunta que merece una respuesta pública, seria y transparente… ¿cómo se sostiene durante tantos años una presencia política permanente, con actividades, eventos, apoyos y promoción personal?
No se trata de acusar a nadie de algo que no esté probado. Se trata de preguntar lo que cualquier ciudadano tiene derecho a preguntar, ¿de dónde salen los recursos?, ¿quién los financia?, ¿bajo qué reglas se realizan esas actividades y quién las fiscaliza?
La transparencia no debería molestarle a ningún político.
Al contrario, quien aspira a gobernar debería ser el primero en explicar de dónde vienen los recursos con los que construye su presencia pública.
Y aquí también tienen una responsabilidad las instituciones electorales.
Si existen reglas para evitar ventajas indebidas antes de los tiempos electorales, corresponde a las autoridades revisar cada caso y determinar, conforme a la ley, qué es una actividad ciudadana, qué es promoción política y qué pudiera constituir un acto anticipado.
La ciudadanía no pide privilegios, pide piso parejo.
Porque mientras unos esperan los tiempos establecidos por la ley, otros pueden pasar años construyendo presencia, reconocimiento y simpatías.
Y entonces aparece una vieja pregunta, ¿para qué sirven las reglas si nadie las hace valer?
La política no debería convertirse en una competencia de quién entrega más, quién organiza el mejor espectáculo o quién consigue más aplausos.
La política debería medirse por la capacidad de servir.
Los ciudadanos también tenemos una responsabilidad. No podemos acostumbrarnos a recibir todo de los políticos y después sorprendernos cuando descubrimos que detrás de cada regalo, cada espectáculo o cada favor puede existir una estrategia electoral.
Al final, lo que parece gratuito casi nunca es completamente gratuito.
La política tiene memoria.Y el pueblo también.
Por eso, más allá de colores partidistas, personajes y espectáculos, habrá que esperar el momento de la verdad, cuando se cierren los micrófonos, se apaguen las luces y llegue la hora de gobernar.
Ahí sabremos quién tenía un verdadero proyecto para Ciudad Valles y quién solamente tenía un buen espectáculo.
Porque como dice sabiamente nuestro pueblo…..“Del plato a la boca… se cae la sopa.
”Y en política, hasta el resultado que parece escrito puede cambiar antes de llegar a la mesa.