Profr. Marcelino H. Martínez
La política debería servir para ayudar a la gente, para buscar soluciones y construir acuerdos. Pero muchas veces termina convertida en una lucha por el poder, donde unos quieren demostrar que son mejores que otros y el ciudadano termina en medio de la confrontación.
Ya cansan los discursos de unos contra otros. Cansa escuchar que todo está bien mientras en las calles la gente sigue hablando de problemas de seguridad, de infraestructura, de salud, de falta de oportunidades y de muchas necesidades que no se resuelven solamente con discursos.
También debemos reconocer nuestra parte. Los ciudadanos nos equivocamos, a veces nos dejamos llevar por una promesa, por una despensa, por un discurso bonito o por alguien que nos habla de un futuro que nunca llega. También defendemos colores y personas sin detenernos a preguntar qué han hecho realmente.
Y ahí está uno de nuestros grandes errores, permitir que nos utilicen para atacar a unos y defender a otros.
La política no debería ser una guerra del poder por el poder.
Tampoco podemos seguir divididos entre buenos y malos, entre los que están con unos y los que están con otros. El adversario político no tiene que convertirse en enemigo. Se puede pensar diferente y seguir siendo parte del mismo pueblo.
Ya vienen las elecciones de 2027 y seguramente empezaremos a escuchar nuevamente promesas, ofertas políticas, discursos y señalamientos. Unos ofrecerán soluciones, otros buscarán desacreditar a sus adversarios y algunos intentarán comprar voluntades.
Y mientras tanto, como dice el pueblo, vuelan los buitres y los zopilotes buscando qué les puede caer.
Pero México no necesita más división.
Necesita gente con valores, políticos que sepan escuchar, ciudadanos que sepan exigir y, sobre todo, instituciones que puedan actuar con equilibrio y responsabilidad.
No necesitamos leyes hechas pensando en la conveniencia de un partido o de un grupo. Necesitamos leyes que sirvan a todos, porque las instituciones no deben ser propiedad de quienes temporalmente tienen el poder.
También necesitamos aprender a vivir en paz.
Que la política no llegue hasta nuestros hogares para dividir familias. Que una diferencia de opinión no termine convirtiendo en enemigos a quienes antes eran amigos. Que podamos hablar, discutir y pensar diferente sin perder el respeto.
La política debería ayudarnos a vivir mejor, no a vivir enfrentados
se vale reclamar.
Se vale cuestionar.
Se vale reconocer los errores de quienes gobiernan.
Pero también se vale reconocer nuestros propios errores como ciudadanos.
No podemos exigir mejores políticos si nosotros seguimos aceptando cualquier promesa. No podemos pedir democracia mientras permitimos que otros decidan por nosotros. Y tampoco podemos hablar de unidad si seguimos alimentando la división.
México necesita menos pleitos por el poder y más voluntad para trabajar por la gente.
Al final de cuentas , no se trata de que gane un partido, un grupo o una persona.
Se trata de que gane el pueblo.
Y seguramente ganamos todos.