La invasión de vendedores ambulantes que ya sufre el primer cuadro de la ciudad parece anticipar el lamentable paisaje en que se convertirá durante la semana santa cuando la ola de los de siempre que cuentan con permiso o no se apoderen de la plaza de armas y las hermosas plazas que la rodean ante lo que las autoridades poco han podido, o sabido, hacer para evitarlo.
La gente en general sabe y el comercio establecido lo resiente que todos los días de la semana mayor el hermoso centro histórico potosino semejará un gigantesco tianguis en el que se venden toda clase de golosinas grasientas frutas, paletas cachuchas y los más variados productos chinos que se venden en los puestos endebles que instalan en la plaza los ambulantes de diversas organizaciones que aprovechan la pasividad oficial para dar lugar a que los vendedores informales que los siguen ocupen un espacio esta temporada.
Por ejemplo ya se sabe que es de esperarse que los ambulantes controlados por la organización antorcha campesina y hasta los del movimiento de pueblos libres se instalen en la plaza sin ningún orden obstruyendo el paso de locales y turistas que busquen admirar los atractivos del corazón de la ciudad mismos que no se retirarán voluntariamente del sitio sabedores de que por cuestiones de simpatías políticas nadie se atreverá a hacer uso de la fuerza pública para obligarlos a retirarse por lo que seguramente denunciarán antes represión en su contra por no dejarlos trabajar para subsistir y hasta no es remoto que amenacen con quedarse hasta el viernes santo e impedir el paso de la procesión del silencio.
Lamentablemente para mal de la imagen turística de la ciudad, la costumbre de permitir en las principales plazas aledañas la venta de antojitos grasientos preparados ahí mismo obligan a los visitantes que quieran admirarlas a soportar el chirriar de la manteca en los grandes y humeantes comales que deben sortear para proteger su integridad física así como enfrentar las dificultades que implica pasar entre las mesas y sillas instaladas bajo los grandes toldos como siempre se ha podido observar en años pasados en la plaza de San Francisco, imagen que se repite frente al templo de San Agustín y las banquetas de las calles que pasan por enfrente.
Para colmo, este “changarrerío” de antojitos grasientos también se instala frente al templo del Carmen en su lado norte y parte de las calles Othón que ahí convergen haciéndolas intransitables tanto para vehículos como para turistas que como pueden cruzan la abigarrada zona.
Lo peor es que no se ve cómo podrá evitarse que este año se repita esta caótica situación en el centro histórico y sus alrededores pues saben los vendedores de golosinas y antojitos que nadie les aplicará la ley y que en aras de evitarse problemas las autoridades les permitirán instalarse y llevar a cabo sus vendimias impunemente con todo y el daño que le causan a la ciudad.
CABOS SUELTOS
Con el anuncio hecho por el gobernador Ricardo Gallardo respecto de que igualmente presentará su plan “ B” de reforma electoral que contempla además de la reducción de regidores en los ayuntamientos una disminución presupuestaria en el congreso del estado con lo que pondrá fin a los abusos en los ingresos salariales que se aprueban los diputados locales, lo que ha causado buena impresión entre la gente.