Profr. Marcelino H. Martínez
Febrero 15, 2026
Llegar a un cargo público no es un premio personal ni un trofeo político; es un acto de confianza otorgado por la sociedad.Cada voto, cada respaldo y cada elección representan una responsabilidad que trasciende el periodo de gobierno o la duración del encargo sindical.
La pregunta es sencilla, pero profunda, ¿cómo quieres que te recuerde el pueblo que te eligió?
En tiempos donde se aproximan nuevas elecciones, sindicales, municipales, estatales y legislativas. vuelven a escucharse las mismas promesas.Palabras que, como por arte de magia, salen de la boca de quienes buscan credibilidad, poder o un lugar en la estructura pública.
Discursos bien ensayados que hablan de honestidad, cercanía, puertas abiertas y compromiso social.Sin embargo, una vez en el poder, la realidad suele ser otra. Funcionarios que se alejan del pueblo, oficinas cerradas, agendas inaccesibles y decisiones que terminan golpeando el bolsillo, la seguridad y la dignidad de quienes confiaron en ellos.Se gobierna desde el escritorio y no desde la calle; se escucha más a los intereses que a los ciudadanos.
Antes de llegar, algunos reparten despensas, prometen apoyos o montan espectáculos de falsa empatía.
Caminan entre el lodo en campaña, se toman la foto con el pueblo y se visten de cercanía. Pero ya instalados en el cargo, la memoria se acorta y la sensibilidad desaparece. El bienestar personal se vuelve prioridad y la sociedad queda relegada al último lugar, si bien le va.
Ser servidor público implica ser honesto, transparente, accesible y coherente. Gobernar con puertas abiertas no es un eslogan, es una obligación moral. El poder no debe alejar, debe acercar; no debe corromper, debe comprometer.
Al final, los cargos pasan, los periodos terminan y los nombres quedan en la memoria colectiva.
Como bien se ha dicho: es agradable ser importante, pero es más importante ser agradable. La historia no recuerda a quienes prometieron más, sino a quienes cumplieron, respetaron y sirvieron.
Así que la pregunta sigue vigente, directa y sin rodeos: ¿cómo quieres que te recuerde la sociedad?