Fin del liderazgo eterno: CTM se enfrenta a un relevo bajo la lupa del T-MEC y la reforma laboral

Ciudad de México, a 22 de febrero de 2026: Ante la renovación de la dirigencia nacional de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) programada para el próximo 24 de febrero, Jorge Sales Boyoli, socio director del despacho Sales Boyoli y especialista en materia laboral, consideró que la central obrera se encuentra frente a un momento definitorio que puede marcar un verdadero cambio de época en el sindicalismo tradicional mexicano.

La CTM, fundada en 1936, ha sido históricamente uno de los pilares del sindicalismo corporativo en México. Durante décadas consolidó un modelo de liderazgo prolongado, caracterizado por dirigentes que permanecieron al frente de la organización hasta su fallecimiento o por largos periodos consecutivos. Casos como el de Fidel Velázquez, quien dirigió la central por más de medio siglo hasta 1997, o el de Leonardo Rodríguez Alcaine y Joaquín Gamboa Pascoe, evidencian un patrón de continuidad sin competencia abierta y con escasa renovación generacional.

Más recientemente, Carlos Aceves del Olmo asumió la Secretaría General en 2016 y se mantuvo durante una década al frente de la organización, en un esquema de ratificaciones que reflejó la tradición de liderazgo extendido que ha caracterizado a buena parte de las organizaciones sindicales en el país. Su decisión de no buscar la reelección en 2026, por motivos personales y de salud, abre un escenario inédito en la vida interna de la central.

Para Sales Boyoli, este proceso ocurre en un contexto completamente distinto al de las transiciones anteriores. “Hoy no solo se trata de un relevo biológico o generacional. Estamos ante la posibilidad de una transición bajo nuevas reglas del juego, marcadas por la reforma laboral de 2019, la exigencia de voto personal, libre, directo y secreto, y un entorno internacional que observa con lupa la legitimidad sindical en México”, señaló.

El especialista destacó que, por primera vez en décadas, la CTM enfrenta la expectativa de una contienda que podría ser competitiva. Aunque han surgido expresiones en favor de una candidatura de unidad, el simple hecho de que existan perfiles visibles y debate interno representa un contraste con los relevos automáticos del pasado. “El 24 de febrero no solo se elige a una persona; se define si la CTM transita hacia prácticas democráticas sustantivas o si mantiene un esquema tradicional adaptado mínimamente a la nueva normatividad”, advirtió.

Sales Boyoli explicó que el desafío para la organización no es menor. La central debe responder a una base trabajadora más joven, más informada y con mayores expectativas de transparencia y rendición de cuentas. Además, enfrenta un entorno de mayor escrutinio derivado de los compromisos asumidos por México en el marco del T-MEC y del Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida, que han colocado la libertad sindical y la autenticidad de la representación en el centro del debate.

“El sindicalismo mexicano está en obra negra en términos democráticos. La reforma estableció los cimientos, pero su consolidación depende de que las organizaciones asuman el cambio cultural. La CTM tiene la oportunidad histórica de enviar una señal clara de modernización o de confirmar que la transformación es sólo formal”, subrayó.

Finalmente, el socio director de Sales Boyoli sostuvo que el desenlace del proceso será observado no solo por el sector obrero, sino también por empleadores, inversionistas y autoridades laborales, dado el peso político y simbólico que la CTM ha tenido en la arquitectura laboral mexicana durante casi nueve décadas.