Por: Abraham Parga
Enero 02, 2026
Resulta necesario precisar para quien amablemente lee este artículo, que el municipio de Santa María del Río, a escasos cuarenta minutos de la capital potosina, es considerado uno de los seis Pueblos Mágicos con que cuenta la entidad federativa de San Luis Potosí; famoso por autodenominarse la ‘Cuna del Rebozo’, Santa María del Río es un municipio donde se respira quietud, lleno de cultura y tradición.
A diferencia de otros municipios potosinos como Soledad de Graciano Sánchez, Villa de Reyes y Villa de Pozos; Santa María del Río aún no ha logrado el auge económico e impacto social estratégico que se le adeuda dada su ubicación geográfica y corazón turístico. No obstante que es un lugar con potencial para la derrama económica regional, gran parte del problema radica en que ha sido y está siendo gobernado por, como comúnmente se les denomina: «malas administraciones», cuya integración de Ayuntamientos involucra a personas carentes de visión y con hambre de corrupción, muy probablemente sin excluir al actual gobierno municipal.
¿Qué piensa la ciudadanía al respecto? ¡Afirman vacío institucional, nula simpatía con el gobierno y crisis política local!, porque la típica politiquería de repartir despensas o pavimentar las calles con material de baja calidad, ya no es suficiente para el contentillo ciudadano, la ciudadanía cada vez menos se conforma con tan poco. Pero lo que particularmente llama nuestra atención, es la crisis política a que se refieren muchos de los habitantes, argumentando que ninguno de los posibles futuros candidatos en la próxima contienda electoral de 2027, reúne la suficiente capacidad política y simpatía de la población para una legitimación directa. Definen ‘crisis política’ como la falta de preparación para ocupar la tan deseada silla grande de Palacio Municipal, y es que, si bien podría considerarse ilícito el hecho de que se anticipen campañas políticas, lo cierto es que ya lo está haciendo más de una persona con aspiraciones en obtener cargo gubernamental. Mientras que el aspirante a candidato del partido tricolor [quien ya fue candidato político y presidente municipal en reiteradas ocasiones], encarna la corrupción y el despotismo exacerbado. El partido en el poder demuestra desorganización, ineptitud para gobernar y le caracteriza un ‘funcionariado foráneo’ de limitada aprobación popular, y es que, el actual Ayuntamiento está lleno de nepotismo y de personas no oriundas del municipio, lo que les imposibilita el clamor del pueblo. Por otra parte, está el partido ecologista, que si bien, no obtuvo el triunfo en la pasada contienda electoral de 2024, resulta interesante que su derrota le posicionó como la segunda fuerza política en el municipio, el segundo partido político mejor votado por apenas un margen de diferencia de no mayor a mil votos en contraste con la primera fuerza política, muy pocos votos, electoralmente hablando. Ahora bien, a pesar de que el partido ecologista no es de suficiente aprobación en Santa María del Río, todo parece que la población ya no confía en el partido guinda [el partido en el poder], debido a la falta de transparencia en el uso de recursos públicos, deficiente desempeño en la administración pública al no contar con estrategias y planes de acción para mitigar el impacto de problemas que causa la distribución de recursos públicos, la deficiente administración de servicios básicos como lo son el agua potable y la recolección de residuos sólidos urbanos, así como no contar con enfoques idóneos de defensa frente a los tan afamados laudos millonarios, seguido de una inadecuada representación jurídica municipal.
En estricto sentido, dos de las tres personas con aspiraciones políticas de tres distintas fuerzas políticas [tricolor, guinda y ecologista], tienen, o mala reputación, antecedentes de corrupción, nula visión de gobierno, o poca capacidad de ejecución e iniciativa de decisión. No extraña en la política mexicana que abunden perfiles con similares características, pero lo que sí ocupa y preocupa a la población de Santa María del Río es, que nunca en la historia del municipio se estuvo ante un escenario de tal naturaleza, un escenario en el que se vislumbra inestabilidad democrática, nula participación ciudadana en acciones de gobernanza e incertidumbre ante un futuro sin progreso y de apatía política.
Hoy más que nunca, en Santa María del Río, pregonamos: «la economía está en ruinas, la seguridad es un lujo y la corrupción es la norma». Ésta y las futuras administraciones públicas municipales tienen un estándar muy alto que superar para que la ciudadanía vuelva a confiar en el gobierno como tanto se hizo y enarboló en las administraciones de Pascual Martínez Martínez, Emmanuel Govea Díaz y J. Trinidad Morales Salazar.
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