Cuando el poder se convierte en botín

Dr. Jaime Chalita Zarur

Abril 25, 2026

Cuando el poder deja de ser un medio para servir y se convierte en un botín que se disputa, la política pierde su esencia y la sociedad paga el precio. No es un fenómeno nuevo, pero sí persistentemente doloroso: gobernantes enfrascados en luchas internas, alianzas rotas por ambición y decisiones tomadas no por el bien común, sino por el cálculo de quién gana más y quién pierde menos.

Mientras arriba se libran esas batallas, abajo la vida sigue con dificultades muy concretas. El ciudadano común no discute cargos ni presupuestos millonarios; discute cómo llegar a fin de mes, cómo acceder a servicios dignos, cómo vivir con seguridad. Y sin embargo, su realidad queda relegada cuando la prioridad de quienes gobiernan es conservar o ampliar su cuota de poder.

La disputa por el dinero público es particularmente grave. Ese dinero no pertenece a partidos ni a funcionarios: es el resultado del esfuerzo colectivo. Cada peso mal asignado, cada proyecto detenido por conflictos políticos, cada decisión tomada por conveniencia personal tiene consecuencias reales en hospitales sin recursos, escuelas deterioradas y oportunidades que nunca llegan.

Lo más preocupante no es solo el conflicto, sino la normalización del mismo. Se ha vuelto común ver a líderes enfrentarse públicamente, bloquear iniciativas o sabotearse mutuamente, como si el desgaste institucional fuera un daño colateral aceptable. No lo es. Cada choque erosiona la confianza ciudadana y fortalece la percepción de que la política está desconectada de la gente.

Sin embargo, la responsabilidad no es exclusiva de quienes gobiernan. También recae en una ciudadanía que, por cansancio o resignación, deja de exigir rendición de cuentas. La democracia no se sostiene sola; requiere vigilancia, participación y memoria.

Los gobernantes pasan, pero las consecuencias de sus decisiones permanecen. Y cuando el poder se disputa como si fuera un premio personal, el verdadero perdedor siempre es el mismo: el pueblo que espera, una vez más, que alguien gobierne pensando en él.

@jaimechalita