Diosa de papel.

Entre el pedestal legal y las cadenas de la realidad

Lic. Rebeca Cuevas J.

Febrero 21, 2026

La modernidad ha construido una narrativa de éxito que hoy se manifiesta en una dualidad contradictoria: La mujer como diosa de la autonomía y, simultáneamente, como esclava de una expectativa social asfixiante.

Se le ha impuesto el estándar de la “súper mujer”, una figura idealizada que debe ser infalible en la esfera profesional e impecable en la gestión doméstica.

Sin embargo, esta deificación jurídica es, en la práctica, una “DIOSA DE PAPEL”, mientras en las altas esferas y en los foros internacionales se celebra el empoderamiento, la mujer común- aquella que no habita en corporativos ni en la academia- sigue sumergida en una estructura que la ignora.

Para la mujer de a pie, la ley es un lenguaje extraño y los derechos son promesas que nunca llegan a su puerta; ella sigue bajo el peso de un machismo estructural que ninguna reforma de escritorio ha logrado disolver.

Desde una perspectiva socio-jurídica, este fenómeno ha generado un desequilibrio preocupante.

Mientras a un sector femenino se le exige una omnipotencia cotidiana, la gran mayoría de las mujeres permanece desinformada y desprotegida, ajena a los derechos que supuestamente las “EMPODERAN”.

Al mismo tiempo, el derecho contemporáneo ha respondido con un sesgo de compensación que comienza a erosionar los cimientos de la equidad universal.

Al intentar proteger este ideal “DIOSA DE PAPEL”, el ordenamiento jurídico a menudo se distrae en simbolismos y acciones afirmativas superficiales, dejando de lado las garantías fundamentales del hombre y permitiendo que la balanza de la justicia pierda su neutralidad procesal.

No se puede alcanzar una armonía colectiva si el ascenso de un grupo se cimenta sobre el menosprecio de los derechos del otro, ni si el” progreso” solo beneficia a quienes ya tienen voz.

Estamos transitando hacia un modelo donde, en nombre de la protección de género, se relajan principios básicos como la presunción de inocencia, mientas la mujer vulnerable sigue sin recibir la protección real que el estado le debe.

La justicia no debe ser un juego de suma cero donde la libertad de la mujer se pague con la invalidez jurídica del varón, ni donde la retórica de “superpoderes” femeninos oculte el abandono de las ciudadanas comunes.

El verdadero desafío de nuestra era es la búsqueda de una igualdad real sin privilegios ni mitos.

Una sociedad evolucionada es aquella que abandona las etiquetas de superioridad para reconocer al individuo en su dignidad intrínseca.

Solo cuando la ley proteja al ser humano por su condición de tal, informe a quien no tiene voz y garantice un juicio justo para todos habremos superado las deudas del pasado como las miopías jurídicas del presente. RCJ