Profr. Marcelino H. Martínez
Marzo 01, 2026
La educación básica, particularmente en la etapa de primaria y secundaria, se ha convertido en uno de los pilares más importantes para enfrentar los retos de una sociedad que cambia a gran velocidad. Hoy no basta con asistir a clases o cumplir con un programa escolar; se requiere formar criterio, carácter y conciencia social desde edades tempranas.
Las y los estudiantes viven una etapa decisiva, marcada no solo por cambios físicos y emocionales, sino también por un entorno cargado de riesgos, redes sociales sin control, presión de grupo, malas compañías, desinformación y modelos de éxito que distorsionan el valor del esfuerzo. En este contexto, el alumno deja de ser un espectador y se convierte en un actor clave de su propio futuro. Elegir bien, asumir responsabilidades y rodearse de influencias positivas es parte esencial de su formación.
Sin embargo, esta tarea no puede recaer únicamente en la escuela, ni el propio Maestro, el rol de los padres de familia es hoy más determinante que nunca.Es acompañar, orientar y establecer límites claros con sus hijos, esto no significa controlar, maltratar, sino aco sejar y formar.
La comunicación constante, la supervisión del uso de la tecnología y la atención a los cambios de conducta son acciones que fortalecen el desarrollo integral de los hijos.La educación básica exige corresponsabilidad. Padres, alumnos y escuela deben caminar en la misma dirección para responder a las exigencias de una sociedad cambiante, donde los valores, la disciplina y el sentido de comunidad son tan importantes como el conocimiento académico.
Invertir tiempo, atención y compromiso en esta etapa no es opcional, es la base para construir ciudadanos responsables, conscientes y preparados para los desafíos del presente y del futuro.
Entonces ese equipo Maestros, padres de familia y los mismos Alumnos, unidos pueden construir mejores ciudadanos para una nación.