«El alma social se debilita»

Profr. Marcelino H. Martínez

Abril 21, 2026

Como homenaje para aquellos que son agredidos sin tener culpa….

Hoy no estamos enfrentando solo una crisis de seguridad, ni únicamente una crisis política.

Lo que vivimos es más profundo, es una crisis de valores, una fractura silenciosa en el alma de nuestra sociedad.

Mientras el ruido crece en las redes sociales y se imponen tendencias vacías, nuestros jóvenes y peor aún, nuestros niños están siendo expuestos a mensajes que glorifican el vicio, la violencia y la pérdida del sentido de vida.

No es casualidad. Es el reflejo de una cultura que ha dejado de formar para empezar a deformar.

A esto se suma un discurso político cada vez más agresivo, más confrontativo, más interesado en dividir que en construir.

Nos están acostumbrando a pelear, a desconfiar, a vernos como enemigos. Y cuando una sociedad normaliza el odio, ha dado el primer paso hacia su propia descomposición.

Pero no todo está perdido, aún hay esperanza, y está en lo esencial, en la cultura, en el deporte, en la formación ética, en la poesía, en la música que eleva el espíritu.

Ahí está la verdadera resistencia, ahí está el camino para rescatar a una generación que hoy camina entre la confusión y el abandono.

No podemos quedarnos como espectadores, no podemos permitir que la violencia, la indiferencia y la falta de empatía se vuelvan parte de lo cotidiano. Porque el día que dejemos de indignarnos, ese día habremos perdido mucho más que la paz, habremos perdido nuestra humanidad.

La responsabilidad comienza en casa, sí, pero no termina ahí.

Necesitamos líderes que unan, no que dividan.

Necesitamos ciudadanos que participen, no que se resignen.

Necesitamos reconstruir el tejido social desde abajo, desde la familia, desde la comunidad, desde cada acción diaria.

Construir ciudades con valores no es un discurso romántico, es una urgencia nacional. Es entender que el verdadero cambio no se decreta, se vive, se enseña y se defiende.

Hoy estamos a tiempo, pero el tiempo no espera. Cada día que dejamos pasar, cada vez que normalizamos lo incorrecto, estamos cediendo terreno.Que no sea la historia la que nos juzgue por haber callado.Que sea la conciencia la que hoy nos obligue a actuar.

Porque salvar a esta generación no es una opción.Es una responsabilidad.