Dr. Jaime Chalita Zarur.
La esperanza de la libertad económica está en quienes emprende un negocio, de cualquier tamaño y luego entonces, fuentes de empleo. Emprender a contracorriente: La odisea del capital privado en la 4T.
El relato oficial de la Cuarta Transformación ha situado históricamente al «pueblo» en el centro del discurso económico, reservando para la iniciativa privada nacional —particularmente para los grandes capitales— una postura de recelo institucional. Sin embargo, en el terreno cotidiano de la economía mexicana, existe una figura que navega entre la retórica del Estado y la crudeza del mercado: el emprendedor.
Lejos de la caricatura del especulador o del gran corporativo beneficiado por el viejo régimen, el emprendedor en el México de la 4T representa la verdadera columna vertebral de la innovación y el empleo. Micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs) generan más del 70% del empleo en el país y aportan alrededor del 50% del PIB. No obstante, emprender bajo el modelo político actual se ha convertido en una carrera de obstáculos donde las reglas del juego han cambiado drásticamente.
Por un lado, la política de austeridad republicana y la reorientación del gasto público implicaron la desarticulación de programas históricos de apoyo a la innovación y al financiamiento temprano, como el desaparecido Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM). La premisa del gobierno federal ha sido clara: la política social se enfoca en la transferencia directa de recursos a los sectores más vulnerables, dejando al ecosistema emprendedor a merced de su propia suerte o de la iniciativa privada mediante fondos de Venture Capital. Para el pequeño negocio de barrio o la startup de tecnología en fase semilla, el respaldo estatal se redujo al mínimo.
Por otro lado, la narrativa gubernamental de soberanía energética y mayor regulación fiscal (con un Servicio de Administración Tributaria implacable en la fiscalización) ha generado un entorno de incertidumbre regulatoria. Las pymes no solo enfrentan la burocracia tradicional y la falta de crédito accesible, con tasas de interés que han apretado los márgenes durante los últimos años, sino también el reto del crimen organizado y la extorsión en diversas regiones del país, un problema estructural que no ha encontrado freno definitivo.
Sin embargo, sería un error asumir que el emprendimiento se ha congelado. La necesidad y la resiliencia han forzado una reconversión. El auge del comercio electrónico, la adopción acelerada de herramientas digitales y la relocalización de cadenas de suministro (nearshoring) han abierto oportunidades inéditas. Los emprendedores mexicanos de hoy son más austeros, más adaptables y dependen menos del favor gubernamental. Han aprendido a sobrevivir sin el cobijo del Estado, buscando alianzas en el sector privado, integrándose a cadenas globales y aprovechando la tecnología para escalar.
La Cuarta Transformación buscaba erradicar el capitalismo de compadrazgo, una meta legítima si se aplica con imparcialidad. Pero al meter en el mismo saco al gran monopólico y al joven que arriesga sus ahorros para abrir una empresa, el modelo actual ha dejado desprotegido al motor de la movilidad social.
El verdadero éxito de un proyecto de nación no se mide solo por la redistribución de la riqueza, sino por la capacidad de generarla. El emprendedor en la 4T no necesita subsidios a fondo perdido ni paternalismo; requiere certidumbre jurídica, seguridad en sus calles, acceso a financiamiento competitivo y un marco fiscal que incentive el crecimiento en lugar de castigarlo. Hasta que la política pública no entienda que crear empresa es también una forma de construir patria, los emprendedores seguirán haciendo patria… a pesar del Estado.
Aportar a nuestra Patria es obligado para todos los ciudadanos..¿y tu aportarías en emprendimiento en las condiciones actuales?
@jaimechalita