Lic. Abraham Ulises Parga Segura
Marzo 08, 2026
A propósito del ‘Día Internacional de la Mujer’, resulta interesante indagar en la vida de Frida Kahlo y Diego Rivera para reflexionar acertadamente sobre el tormento pasional de Frida en su amor por Diego. Analizar este contexto ayudaría tal vez a comprender y tratar de erradicar [como hombres y como personas], el menosprecio o valor muchas veces secundario con el que voluntaria o involuntariamente catalogamos a la mujer en una relación sentimental, sin considerar siquiera que ellas, cuando aman, entregan todo, siempre sin reservas.
Para efectos de este artículo de opinión, es importante precisar que su divulgación únicamente está encaminada a la reflexión; sin afán de juzgar, estereotipar o victimizar el rol de las personas en sociedad.
Primero entendamos el origen del ‘Día Internacional de la Mujer’. Según la Organización de las Naciones Unidas a través de ONU MUJERES, el 08 de marzo resultó una fecha necesaria para reivindicar los derechos y libertades de la mujer frente a un escenario de injusticia estructural, en el que las mujeres no tenían voz ni voto en las decisiones cotidianas de la época, mantenían precarias condiciones laborales/salariales y la igualdad entre los sexos parecía algo imposible de materializarse.
Conmemorar el día surge, principalmente, por la muerte de 120 trabajadoras de la fábrica ‘Textilera Cotton’ en Nueva York, Estados Unidos de América, un 08 de marzo de 1857, luego de que varias trabajadoras realizaran una manifestación para obtener mejores condiciones de trabajo y lograr una reducción de la jornada laboral, acción que fue reprimida por la policía al disparar ésta a decenas de mujeres manifestantes y provocar un incendio en las instalaciones de la textilera. A esa fecha se suman varios movimientos más, entre los que destacan protestas europeas, que tuvieron como fin «la igualdad entre hombres y mujeres», hasta que en 1975 la ONU adopta el día para conmemorarlo y dos años más tarde, en 1977, la Asamblea de las Naciones Unidas lo aprueba para su proclamación.
Ahora bien, conocer la vida de la pintora Frida Kahlo y del muralista Diego Rivera, será desde la perspectiva de Jean-Marie Gustave Le Clézio, un escritor francés, autor de más de treinta libros publicados en los que excepcionalmente aborda una narrativa serena de locura en el entorno social. En 1994 fue elegido «el más grande escritor vivo de la lengua francesa» y en 2008 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura.
«‘Diego y Frida’ cuenta la tormentosa y apasionante historia de una pareja fuera de lo común. Ella, una mujer frágil, pero tenaz y rebelde, pintora iconoclasta; él, el genio de los muralistas mexicanos, un hombre que le dobla la edad, un terrorífico coloso con reputación de devorador de mujeres, comunista y ateo, que osa pintar frescos en los que incita a tomar los machetes y los fusiles para derrocar la trinidad demoníaca de México: la burguesía, el clero y la clase política».
Frida y Diego contrajeron matrimonio dos veces, la primera un 21 de agosto de 1929, ella con apenas 22 años y él con 43. La familia de Frida no aprobaba la relación por la marcada diferencia de edades y porque Diego era una persona casada aprovechándose de la inocencia de Frida, afirmaban que no se trataba más que de «un matrimonio entre un elefante y una paloma». El primer encuentro de los artistas se remonta a 1922 donde la Frida de quince años estudiaba en la Escuela Nacional Preparatoria, lugar en el que Diego, un ya conocido muralista de 36 años de edad había sido contratado para plasmar un mural en el anfiteatro de la institución. Frida quedó embarazada de Diego tres veces y tuvo abortos espontáneos en las tres gestaciones probablemente debido a problemas uterinos.
El primer matrimonio entre ambos llegó a su fin en 1939 luego de que Frida descubriera que Diego mantenía una relación sentimental con Cristina Kahlo, hermana menor y confidente de Frida.
Estuvieron un año separados, lo que desata la complejidad y pasión de su relación, él era un seductor natural, incluso confesó: «tuve la suerte de amar a la mujer más maravillosa que he conocido. Desgraciadamente, no supe amarla a ella sola, pues he sido siempre incapaz de amar a una sola mujer». Quizá uno de los comportamientos más tóxicos en la relación de Frida y Diego fue la necesidad de ambos por estar juntos cuando ni uno ni otro se respetaban; Diego tuvo numerosas amantes pero aún así Frida lo perdonaba, y a Frida se le atribuyeron romances con el político ruso León Trotski, con Tina Modotti, Chavela Vargas, etc., y aún así Diego la perdonaba. Se casaron por segunda ocasión un 08 de diciembre de 1940 en el cumpleaños número 54 de Diego.
La dependencia de Frida por Diego estuvo marcada por las infidelidades pero también por la mala reputación y misoginia de éste, quien en más de una ocasión monopolizó el arte, llegando incluso a entorpecer el progreso de más artistas como María Izquierdo, quien sentenció: «es un delito nacer mujer, es un delito nacer mujer y tener talento».
Él, un lujurioso seductor, artista y comunista. Ella, una rebelde pasional, pintora del tormento y la tragedia. ‘Se amaron, se hirieron y se admiraron con intensidad’. Su relación dolía pero su relación también los inmortalizó.
Con lo anterior, a lo que pretendo arribar es, ¿ambos se amaron o ambos se destruyeron? ¿Frida, emblema del feminismo fue una víctima de Diego? ¿Cómo erradicamos el machismo del siglo pasado que sigue, aunque muy poco, vigente en la actualidad? ¿Normalizar la toxicidad contemporánea es una forma de amor o destrucción?. Reflexionemos no solo este día, sino siempre, el daño que hacemos a las personas al comportarnos de la manera en que Diego se comportó con Frida, seamos empáticos con el dolor ajeno y respetemos las relaciones sentimentales. Hombres, pongamos en evidencia que ser fiel no es sinónimo de una ‘masculinidad frágil’ y que ser ‘mujeriego’ y seductor ya no es un concepto por el cual honra alardear en estos días.
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