Profr. Marcelino H. Martínez
Febrero 05, 2026
Existe una idea equivocada que suele repetirse en el debate público, pensar que las vías rápidas, libramientos o carreteras periféricas frenan el desarrollo de una ciudad o le quitan vida a su centro urbano.
La realidad demuestra exactamente lo contrario.
Las ciudades que apuestan por infraestructura moderna no se rezagan, avanzan, se ordenan y generan mejores condiciones de vida para sus habitantes.
Las vías de acceso y los libramientos no generan desorden; generan movilidad, seguridad y dinámica económica.
Facilitan el tránsito tanto público como privado, reducen tiempos de traslado y permiten que el comercio, el turismo y la inversión fluyan con mayor rapidez.
Ninguna ciudad puede aspirar al crecimiento si permanece atrapada en la improvisación vial.
El caso de Tamazunchale es claro y evidente. La carretera proveniente de Ciudad Valles es más segura y rápida, sin embargo, el verdadero problema surge al cruzar la ciudad.
Trasladarse de Tamazunchale hacia Huejutla, San Martín, Chapulhuacanito o continuar rumbo a la Ciudad de México se convierte en un auténtico martirio.
El ahorro de tiempo en carretera se pierde al quedar atrapado hasta casi una hora en un “desfile” vehicular que satura las principales vialidades urbanas.
Esta situación no solo afecta a quienes transitan, sino también a los propios habitantes, más contaminación, más estrés, mayor riesgo de accidentes y una ciudad colapsada en horas pico.
Aquí es donde los libramientos dejan de ser un lujo y se convierten en una necesidad urgente.
Donde hay libramientos bien planeados, hay desarrollo. Surgen nuevas industrias, bodegas, centros logísticos, restaurantes y servicios.
Se fortalece la economía local y se generan empleos. Pero, sobre todo, se gana en seguridad y orden urbano, dos elementos clave para el bienestar ciudadano.
Pensar en infraestructura es pensar en el futuro.
Cada día somos más y las ciudades deben adecuarse a esa realidad con planeación, visión y responsabilidad.
Hoy, casi todas las ciudades que crecen cuentan con libramientos; no es coincidencia, es estrategia.
Oponerse a estas obras por mezquindad política, por popularidad momentánea o por ganar adeptos es condenar a una ciudad al estancamiento.
Los libramientos no quitan progreso, lo construyen.
Son sinónimo de modernidad, competitividad y crecimiento sostenible.
Tamazunchale necesita pensar en grande, con visión de largo plazo.
Apostar por infraestructura vial no es una amenaza, es la ruta segura hacia el desarrollo que la región merece, la imagen urbana da confianza y desarrollo cultural.