¿Juzgar con Perspectiva de Género?; los estereotipos y roles como una forma de condena anticipada

Lic. Abraham Ulises Parga Segura

Tal vez desde muy temprana edad nos enseñaron directa o indirectamente que los estereotipos y roles de género muchas veces son ‘inofensivos’, y ahí está el error más grande de la sociedad: creer que esas ideas preconcebidas se quedan en el hogar o en la sobremesa. Creencias generalizadas como «¡Los hombres no lloran!», «¡La mujer es más emocional, no puede liderar!», «¡El hombre es proveedor por naturaleza!» son una forma simplificada y aceptada de definir lo que ‘debemos’ ser, hacer o sentir en una colectividad.

La dimensión jurídica no está del todo exenta de los estereotipos, pondré un ejemplo que percibo con cotidianidad en la práctica jurídica y en la elaboración de proyectos de sentencia (la manera en que se resuelve una controversia por la vía judicial): llega una persona del sexo femenino a denunciar abuso sexual y lo primero que le preguntan no es ¿cómo pasó?, sino ¿cómo iba vestida?, ¿qué hizo para provocar la conducta?, etc. Inconscientemente el ente procurador de justicia, la Fiscalía, ya la está juzgando desde el rol que ‘debió cumplir’. Desde ahí se está proyectando que si no es la buena mujer abnegada, sumisa y complaciente, su denuncia vale menos. Eso no es justicia; eso es un estereotipo de género que puede a todas luces influir en una determinación administrativa o jurisdiccional.

Y del otro lado pasa igual: una persona del sexo masculino quiere la guarda y custodia de sus hijos porque la madre es una figura ausente. Y el juez, con todo y la igualdad formal a que se refiere el Artículo 4 de la Constitución Federal, piensa: «los niños deben estar con su madre porque es ella quien les puede dar lo elemental en la crianza». No lo dice en la sentencia, evidentemente —lo disfraza de Interés Superior de la Niñez— pero la decisión ya venía tomada por el estereotipo de que la crianza de los hijos, ‘es cosa de mujeres’.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos ya lo declaró en el caso ‘González y otras vs. México’ (Campo Algodonero). El Estado mexicano fue condenado no solo por no investigar feminicidios, sino por hacerlo con estereotipos de género. Y la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en el ‘Protocolo para Juzgar con Perspectiva de Género’, lo pone con todas sus letras: juzgar sin estereotipos no es una moda, es una obligación legal, constitucional y convencional.

El artículo primero de nuestra Constitución Federal no pide que seamos buenas personas pero nos obliga a no discriminar. Y discriminar es, precisamente, tratar a una persona no por lo que hizo, sino por lo que creemos que debe hacer por ser un hombre o una mujer. Aquí es donde muchos abogados se pierden, porque creen que la Perspectiva de Género es defender siempre a la mujer pero no es así; es quitarnos los lentes del prejuicio para ver el caso como lo que es, real y sin distorsiones. Para una autoridad jurisdiccional, juzgar con Perspectiva de Género implica preguntarse: ¿esta decisión que voy a tomar la tomaría igual si esta persona fuera del sexo opuesto? Si la respuesta es ‘no’, muy probablemente se está frente a un estereotipo de género.

¡Y cuidado!, porque el impacto de los estereotipos no es solo en materia Familiar o Penal, está en todo. En materia laboral: ¿cuántas mujeres cobran menos por el mismo trabajo que los hombres solo porque se asume que «en cualquier momento se van a embarazar»?. En materia civil: ¿cuántos contratos de arrendamiento no se le niegan a una madre soltera porque «seguro le gusta el ‘libertinaje’»?… los estereotipos y roles de género son una prisión, pero no una prisión con barrotes, una con guiones porque te dicen qué ser, hacer o sentir, y si te sales del guión, la misma sociedad o el propio sistema te castiga. El Derecho ya no puede ni debe tolerar los estereotipos. Necesitamos menos abogados que reciten la ley de memoria y más abogados que se atrevan a cuestionar los estereotipos porque al final, una sentencia basada en estereotipos no es una sentencia justa, es solo un prejuicio con firma y sello judicial.

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