Profr. Marcelino H. Martínez
Que le esta pasando a la humanidad parece acercarse peligrosamente a los límites de la barbarie. Las guerras, la pobreza, el abandono y el sufrimiento de millones de personas nos obligan a preguntarnos… ¿en qué momento dejamos de mirarnos como seres humanos?
Mientras en distintas partes del mundo se vive el dolor de la guerra y la desesperanza, en nuestro país tampoco debemos acostumbrarnos a la violencia, los secuestros, los asesinatos, las desapariciones y tantos hechos que lastiman profundamente a nuestras familias.
Lo más preocupante sería que el miedo terminara convirtiéndose en costumbre y que aquello que debería indignarnos comenzara a parecernos normal.
Mira necesitamos detenernos, reflexionar y recuperar algo que nunca debimos perder, la sensibilidad humana.
La paz no comienza únicamente en los gobiernos; también comienza en nuestras casas, en las escuelas, en las calles y en la manera en que tratamos a los demás. Educar con valores, enseñar respeto, solidaridad, tolerancia y amor puede parecer un pequeño acto, pero es una semilla capaz de transformar generaciones.
Hoy hago una invitación sencilla: pongamos una bandera blanca en cada hogar como símbolo de paz, tregua y esperanza. No como un adorno, sino como un compromiso de que en esa casa se buscará el diálogo antes que la violencia, el respeto antes que el odio y la comprensión antes que la confrontación.
Todavía estamos a tiempo de cambiar.
A tiempo de arrepentirnos de nuestras indiferencias, de reconocer nuestros errores y de recuperar la voluntad de construir una sociedad más humana.
Porque nuestros hijos merecen caminar por las calles de día, de tarde o de noche sin miedo.
México quiere gente buena. México quiere tranquilidad. El mundo quiere paz. Y todos necesitamos una verdadera libertad, la libertad de vivir sin temor.
Que la bandera blanca no sea solamente un símbolo.
Que sea el comienzo de una conciencia.
Y no digamos aquí no pasa nada, que si esta pasando, pero lo estamos normalizando.