La novela “Duerme, cicatriz”, de la escritora mexicana Nora de la Cruz, fue presentada el sábado 14 de marzo en el marco de la 50 Feria Nacional del Libro de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, en un encuentro que permitió reflexionar sobre la memoria, el crecimiento y las múltiples formas de vivir la experiencia de ser mujer.
Publicada por Tusquets Editores, la obra sigue a Evangelina, una mujer de 38 años cuya historia comienza con un episodio médico que detona una serie de recuerdos. A partir de una hemorragia que la lleva a un hospital, la protagonista inicia un recorrido por una memoria fragmentada que la conduce a distintos momentos de su vida, entre ellos el descubrimiento de la menstruación y las formas en que las mujeres construyen narrativas culturales alrededor de su propio cuerpo.
Ese hilo de recuerdos permite reconstruir pasajes de la infancia y adolescencia de Evangelina, así como las dificultades para comprender ciertos procesos en un entorno familiar donde muchas veces faltan explicaciones. La historia muestra cómo esos recuerdos se enlazan con los distintos ritos de paso que culturalmente marcan el tránsito hacia la vida adulta.
Durante la conversación con el público, la autora explicó que su intención al escribir la novela fue explorar las distintas lecturas que pueden surgir de la experiencia de crecer en un cuerpo femenino. “En el libro, una de las cosas que a mí me sucedieron fue que quizá quería decirlo todo, y ese todo era todo lo que estuviera relacionado con la experiencia de crecer en un cuerpo de mujer”, comentó. Añadió que algunas personas ven en la historia un relato sobre maternidad, otras sobre adolescencia o sexualidad femenina, y subrayó que “todas tienen razón, porque son distintas maneras de acercarse a la misma historia”.
La escritora también compartió que su formación académica influyó en la construcción de la novela. Señaló que durante sus investigaciones literarias encontró que muchas autoras dialogan con géneros tradicionales como el cuento de hadas, el terror, la novela policiaca o el melodrama, lo que la llevó a cuestionar los modelos clásicos de feminidad presentes en esas narraciones.
“Quería escribir una historia de crecimiento, una historia donde una niña se convierte en mujer, pero donde ninguno de los ritos culturales que nos dicen cómo debe ser una mujer se cumpla”, explicó. De esta manera, Evangelina aparece como un personaje que no responde a los ideales convencionales de belleza o perfección, sino que construye su identidad a partir de decisiones propias. “Lo que vemos es el crecimiento de una mujer que elige crecer con parámetros muy intuitivos, sabiendo que no puede ganar en el juego del patriarcado”, afirmó.
La presentación concluyó con un diálogo con el público asistente, quienes destacaron la forma en que la novela aborda la memoria, la identidad y las experiencias femeninas desde una perspectiva crítica y profundamente humana.