«La última cena, un camino de paz por el mundo»

Profr. Marcelino H. Martínez

Jueves 2 de abril 2026

En el eco profundo de aquella última cena, no solo se selló un destino, se reveló una verdad que hoy, más que nunca, nos interpela, la humanidad siempre ha caminado entre la lealtad y la traición, entre la fe y el abandono, entre la luz que guía y la oscuridad que seduce.

Aquel hombre, consciente del dolor que se avecinaba, no eligió el camino de la fuerza ni de la venganza. Mientras uno lo vendía y otros comenzaban a dispersarse, Él permanecía firme, no en el poder terrenal, sino en la convicción más alta, la paz como principio, el amor como destino y la libertad como esencia del ser humano. Y es ahí donde su mensaje deja de ser historia para convertirse en urgencia.

Hoy, el mundo parece repetir aquella escena, pero a una escala más vasta y más dolorosa. Naciones enfrentadas, sociedades divididas, palabras convertidas en armas y corazones endurecidos por el rencor. Vivimos tiempos donde la violencia ha querido disfrazarse de justicia y donde la indiferencia se ha vuelto costumbre.

Y, sin embargo, la enseñanza sigue intacta, esperando ser comprendida.

No perdamos la fe.

No como un acto ingenuo, sino como una decisión valiente.

Porque creer en la paz en medio del caos es un acto de resistencia. Apostar por la solidaridad cuando impera el egoísmo es un gesto revolucionario. Tender la mano cuando otros la cierran es, quizás, la forma más pura de humanidad.

El mundo no necesita más violencia, ni más discursos de odio que fragmenten lo que aún puede unirse.

El mundo necesita hombres y mujeres de paz. Necesita conciencia, empatía, y la capacidad de mirar al otro no como enemigo, sino como reflejo de nuestra propia fragilidad y esperanza.

La última cena no fue el final, fue el inicio de un compromiso, el de sostener la fe incluso cuando todo parece perdido, el de construir desde la bondad aun cuando el entorno invite a lo contrario.

Hoy nos toca a nosotros decidir de qué lado de la historia queremos estar.

Que no nos gane la desesperanza.Que no nos acostumbremos al ruido de la violencia.Que no olvidemos que la verdadera transformación comienza en lo invisible, en nuestras acciones cotidianas, en nuestras palabras, en nuestra forma de convivir.Porque aún estamos a tiempo.

A tiempo de elegir la paz.

A tiempo de ser, en medio de tanta oscuridad, luz para el mundo.