Profr. Marcelino H. Martínez
6 de junio 2026
Muchos de los que ayer levantaron la voz para denunciar abusos, exigir justicia y reclamar libertad, hoy parecen incomodarse cuando esas mismas exigencias se dirigen hacia ellos. Resulta preocupante observar cómo algunos personajes que construyeron su camino político bajo discursos de cambio profundo, transparencia y cercanía con el pueblo, ahora intentan apagar las voces críticas que señalan sus errores y contradicciones.
La libertad de expresión no puede ser una bandera que se utilice únicamente cuando conviene.
Quien verdaderamente cree en la democracia debe estar dispuesto a escuchar tanto los aplausos como los cuestionamientos.
Gobernar o representar a la ciudadanía no significa rodearse de lisonjas, de aduladores profesionales o de caravanas que alimenten el ego.
Significa tener la madurez para aceptar la crítica, corregir el rumbo y rendir cuentas.
Hoy vemos cómo algunos legisladores y representantes populares, en lugar de construir acuerdos sólidos para proteger a la sociedad, impulsan decisiones carentes de equilibrio que terminan afectando a los mismos ciudadanos que prometieron defender.
Hablan bonito, utilizan palabras que endulzan el oído y alimentan esperanzas, pero la realidad siempre termina revelándose a través de los hechos y no de los discursos.
El pueblo sigue observando, sigue esperando, sigue analizando la interminable pasarela política donde muchos cambian de postura una vez que alcanzan el poder.
Por eso es indispensable reflexionar antes de entregar la confianza pública. Como dice la sabiduría popular, hay que tener cuidado con quién dejamos cuidando la granja.
No es lo mismo encomendarla al lobo que al perro fiel,u no buscará satisfacer sus propios intereses; el otro protegerá lo que le fue confiado.
También debemos recordar que ninguna acción injusta queda aislada de sus consecuencias. Cuando se lastima a otros, cuando se busca callar a quienes dicen verdades incómodas o cuando se utilizan las instituciones para imponer silencios, tarde o temprano esas decisiones terminan alcanzando a quienes las promovieron.
México necesita representantes con carácter, principios firmes y verdadera vocación de servicio.
Personas capaces de escuchar, dialogar y corregir, una democracia sana no se fortalece con el silencio de los críticos, sino con la valentía de enfrentar la verdad.
Hoy más que nunca, callar a quienes señalan errores no es una muestra de fortaleza.
Es la evidencia de que la verdad sigue teniendo el poder de incomodar.