¿La vida pública en pausa? El poder desbordado: el costo ciudadano de la polarización electoral

Dr. Jaime Chalita Zarur

¿Estamos condenados a la polarización social, en función de ganar elecciones?

Las campañas políticas en regímenes democráticos se diseñaron bajo una promesa elemental: la competencia abierta por el voto popular como garantía para mejorar la vida pública. Sin embargo, en la práctica contemporánea, el fervor electoral y la polarización extrema suelen desviar el aparato gubernamental de su propósito esencial, dejando a la población en una doble indefensión: desatendida en sus necesidades operativas diarias y vulnerable ante una estructura de poder que ella misma legitimó en las urnas.

En el dominio de la función pública distante los periodos electorales marcados por la confrontación implacable, la administración pública sufre un fenómeno de parálisis inducida. El enfoque de los cuadros directivos y operativos de las instituciones suele migrar de la gestión eficiente hacia el cálculo electoral.

Es frecuente observar la retención de fondos para obras o programas esenciales, congelados por cautela electoral o desviados hacia proyectos de alto impacto propagandístico y beneficio mediático inmediato.

Los servicios urbanos, la infraestructura básica, la atención en salud pública y los trámites administrativos suelen experimentar retrasos o degradación en su calidad, al subordinarse el ritmo operativo al calendario de las campañas políticas.

La polarización genera una lógica de suma cero donde los servicios o apoyos gubernamentales corren el riesgo de instrumentalizarse, favoreciendo clientelas o castigando regiones identificadas con la oposición.

El aspecto más crítico de este fenómeno es la asimetría resultante entre el ciudadano y la autoridad. Mediante el voto, la sociedad delega soberanía y la capacidad de fijar impuestos a través de los,congresos representativos y, bajo la premisa de recibir representación, seguridad y servicios públicos eficientes. No obstante, una vez instalada la lógica de polarización se instala en las voluntades de poder.

Quien otorgó el mandato queda al margen cuando los discursos radicales transforman las prioridades sociales en disputas ideológicas. Las campañas agresivas desplazan la rendición de cuentas. Las fallas en la prestación de servicios dejan de debatirse en términos de capacidad técnica u honestidad administrativa, para ser justificadas como «ataques de los rivales» o «herencias de administraciones pasadas».

El impacto de esta dinámica no concluye cuando se cierran las urnas. El deterioro continuo en los servicios públicos erosionan el pacto social a largo plazo:

La polarización genera una lógica de suma cero donde los servicios o apoyos gubernamentales corren el riesgo de instrumentalizarse, favoreciendo clientelas o castigando regiones identificadas con la oposición.

El aspecto más crítico de este fenómeno es la asimetría resultante entre el ciudadano y la autoridad. Mediante el voto, la sociedad delega soberanía y la capacidad de fijar impuestos a través de los,congresos representativos y, bajo la premisa de recibir representación, seguridad y servicios públicos eficientes.

No obstante, una vez instalada la lógica de polarización se instala en las voluntades de poder.

Quien otorgó el mandato queda al margen cuando los discursos radicales transforman las prioridades sociales en disputas ideológicas. Las campañas agresivas desplazan la rendición de cuentas. Las fallas en la prestación de servicios dejan de debatirse en términos de capacidad técnica u honestidad administrativa, para ser justificadas como «ataques de los rivales» o «herencias de administraciones pasadas».

El impacto de esta dinámica no concluye cuando se cierran las urnas. El deterioro continuo en los servicios públicos erosionan el pacto social a largo plazo:

1.La percepción de que las necesidades básicas quedan desatendidas mientras la clase política se enfoca en descalificaciones mutuas alimenta el desencanto ciudadano con el sistema democrático.

2.La población termina por adaptar su cotidianeidad a deficiencias en agua, movilidad o seguridad, asumiéndolas como inevitables durante los procesos electorales.

3.Las fallas en servicios e infraestructura impactan la productividad de la ciudadanía y de las pequeñas y medianas empresas, transfiriendo el costo de la ineficiencia pública al sector privado y al presupuesto familiar.

Revertir esta vulnerabilidad exige fortalecer los contrapesos institucionales, blindar la operatividad de los servicios esenciales respecto a las agendas partidistas y ejercer una ciudadanía activa que exija resultados operativos por encima de la confrontación ideológica. El poder delegado en las urnas no debe convertirse en un cheque en blanco que legitime la omisión de los representantes populares.

¿Y tu que harías?

@jaimechalita