Dr. David Madrigal González (*)
30 de marzo del 2026
Me presento. Soy un profesor de Antropología que se ha propuesto estudiar los ríos de la huasteca desde hace varios años. Como espécimen urbano, es decir, debido a que nací y crecí en ciudades, me maravillé desde la primera vez que pude ver, oler y sentir el fluir de la vida en la huasteca. Yo tenía unos siete años. Me encontré con un mundo completamente diferente al que dominaba mi cotidianidad entre calles, edificios y automóviles. De inmediato entendí que los ríos eran seres vivos y no sólo avenidas que escuchaba mencionar con nombres como río Consulado, río Churubusco, río Santiago o río Españita. En la huasteca todo en la vida transcurría en torno a ellos y gracias a ellos.
Durante mi adolescencia regresé varias veces a la huasteca. Había cambios como es lógico, pero los ríos todavía eran muy importantes para la manera de vivir en esta región del occidente de nuestro país. ¿En qué momento se les dio la espalda? ¿en qué momento se empezaron a convertir en drenajes y tiraderos de basura? ¿cómo fue que se volvió “normal” contaminarlos y ensuciarlos? Estas son preguntas que me hago ahora que me enteró que, según datos oficiales, más del 80 por ciento de los ríos de la huasteca se encuentran gravemente enfermos.
Presento la serie. Gracias a la amable y generosa invitación para publicar en este espacio, me propongo abordar el tema de los ríos de la huasteca en varias entregas para explorar “desde el Matepoxtle”, junto con nuestros lectores, los aspectos que permiten reconocer el carácter óntico (con particularidades y características concretas) y atópico (incomparable) de estos seres no humanos que son fundamentales para la vida en el planeta.
En la serie de escritos numerados que podrán identificarse con el título de “Los ríos de la Huasteca”, se aportarán elementos para demostrar que estos afluentes son seres vivos que pueden y saben tomar decisiones, que son seres que les hablan a los humanos sobre la historia, sobre la importancia de recuperar la memoria para mantener la salud de los ecosistemas de los que forman parte, sobre las relaciones de poder que determinan sus usos, sus formas de explotación, sobre las prácticas de cuidado que los hacen sentir bien, que les permiten desplegar su majestuosa capacidad de agencia.
Por otra parte, este espacio también servirá para tocar temas de la vida cotidiana de las y los huastecos como son el bañarse en los ríos, obtener alimentos de ellos, acarrear agua o extraerla con fines de riego, mantenimiento de animales, plantas, para la construcción o para el abastecimiento de casas, hoteles, restaurantes y todo tipo de negocios. Su toponimia también es importante y no omitiremos el obligado repaso de las prácticas rituales, usos religiosos y dimensiones simbólicas e identitarias en las que los ríos de la huasteca tienen un papel de influencers naturales.
Para cerrar esta primera entrega con la que nos presentamos frente a la sociedad huasteca, tratando de adelantar una respuesta rápida para la o el intrépido despistado que puede lanzar una típica pregunta como ¿Y eso para qué sirve o qué puede tener de bueno para nosotros? Diré lo siguiente: Hablar de los ríos de la Huasteca no sólo es una reacción necesaria ante la creciente descosificación y descorporalización del mundo, sino que se trata de una comunicación entre cuerpos espaciales y temporales concretos que, como diría el filósofo serbio Winkels Handke, tiene consistencia en sí misma debido a queda por entero bajo el signo de la salvación de las cosas; en este caso, de la salvación de los seres que forman parte del sostén de la vida en una de las regiones culturalmente más importantes de México.
(*) El Dr. David Madrigal González, es Profesor Investigador del Colegio de San Luis