¿Memorias Cívicas en Acción?

Lic. Abraham Ulises Parga Segura

Marzo 30, 2026

Muy pocas personas saben que existe una Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, publicada ya desde 1984 en el Diario Oficial de la Federación, el propósito de esa ley [y lo contempla el propio artículo tercero de nuestro Pacto Político Federal], es conocer las características esenciales de cada símbolo patrio, pero también fomentar un sentido de pertenencia fundado en un nacionalismo que implique amor y orgullo por la patria.

Hoy en día, es muy difícil lograr que las personas realmente sientan orgullo por su país, especialmente cuando en los medios de comunicación predominan noticias como homicidios al alza, feminicidios cotidianos o un Estado fallido que minimiza los secuestros, las desapariciones y los crímenes cometidos por la delincuencia organizada para en su lugar centrar la atención en meros espectáculos que manipulan la percepción pública. No obstante, la educación siempre resulta una herramienta muy eficiente para moldear mentes y educar de manera formativa a las personas, razón por la cual la autoridad siempre apuesta por la educación como ‘motor de cambio’ [y no está del todo equivocada]; grandes estadistas, líderes mundiales e incluso dictadores como Adolf Hitler, la han usado y muy probablemente la seguirán usando para bien o para mal.

Un ejemplo de la «educación como motor de cambio» a la que me refiero y que posiblemente se refleje como una cultura cívica que impresiona de manera positiva en el orgullo mexicano y en el amor por la patria: es el Concurso de Interpretación del Himno Nacional Mexicano que realiza cada año desde hace más de dos décadas la Zona Escolar 080, concurso en el que el alumnado de cada una de las instituciones educativas que integran dicha zona, participan para saber qué escuela goza de las mejores voces interpretativas del cántico patrio. Evento en el que la escuela primaria Manuel José Othón Vargas, del municipio potosino de Santa María del Río, «La Cuna del Rebozo», fue sede este pasado jueves 26 de marzo de 2026 y en el que se manifestó implícitamente una buena organización, una sana competencia y un ejercicio cívico tradicional que tuvo por finalidad infundir amor por el país a través de la entonación de la alabanza nacional.

Destaca en el evento cívico reciente que, profesores como María Teresa Segura Esparragoza, Isabel Orta Díaz y Sergio Villalba Zárate, estuvieron al frente de una ceremonia a los símbolos patrios que fusionó nacionalismo y tradición. No permitiendo que la memoria cívica muera y pretendiendo alimentar con ello el orgullo nacional.

Acciones de nacionalismo muy necesarias para forjar mejores personas que se esfuercen por ser buenos ciudadanos; porque crear un vínculo profundo con el entorno al que se pertenece despierta responsabilidad en una vertiente mínima como cuidar los espacios públicos, pero también en una vertiente máxima como respetar la vida colectiva o participar activamente en ella. Sin mencionar, evidentemente, que ese tipo de eventos impulsan un esfuerzo individual orientado al bien común y ayudan a cobrar conciencia de lo que resultó construir la nación con que hoy se cuenta, nación en la que predominan las instituciones y se reprocha el conflicto.

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