Toño Martínez
Como se volvió costumbre, el oficialismo mexicano convirtió el Día Internacional del Árbol en actos políticos para aparentar preocupación por la biodiversidad, mientras que crece la pérdida de superficie forestal en el país que, desde el año 2001 es de 204 mil hectáreas de bosques y selvas anualmente equivalentes a alrededor de 4.9 millones acumuladas.
Otra vez los anuncios espectaculares sobre regeneración de bosques y selvas que, en el caso del Gobierno federal de Claudia Sheinbaum dijo durante la ceremonia conmemorativa y el inicio de la Jornada Nacional de Reforestación que serán sembrados en todo el país 506 millones de plantas y arboles frutales y de sombra, así como semillas y 6.6 millones durante la Jornada Nacional de Reforestación de 2026 al 2030.
Cómo creer tal oferta si durante la primera parte de los gobiernos de la 4T, Andrés Manuel López Obrador derribó 7 millones de árboles de acuerdo con datos de la Secretaria del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) aunque organizaciones civiles ecológicas y defensores del medio ambiente aseguran que fueron 10 millones.
Para la refinería de «Dos Bocas» el gobierno a través de la Secretaría de Energía (SENER) reportó que fueron removidas con base a la manifestación de Impacto Ambiental y los Registros Oficiales 131 hectáreas de vegetación, versión que contradicen mediciones satelitales y organizaciones civiles que detectaron daño a 300 hectáreas de selva y manglares que protegían contra inundaciones y huracanes. Diversas áreas de la refinería se han inundado ya en varias ocasiones.
Entonces como confiar en el proyecto llenar de árboles al territorio si los hechos contradicen al gobierno.
Por el mismo estilo están los Gobiernos Estatales y presidentes municipales y figuras políticas que, rodeados de cámaras y reporteros que alimentan su ego, aplauden su ignorancia, cuando van a «reforestar», toman una plantita para colocarla en un hoyo en la tierra, posan para las cámaras muy sonrientes y después no vuelven para cuidar que tengan agua y prevenir algún daño. La conclusión es que los arbolitos se secan. El funcionario y el político priorizan la personalidad, ego y el engaño por encima de su responsabilidad con el bienestar y la conservación de la vida.