«Política sin abrazos forzados, pero con respeto y civilidad»

Profr. Marcelino H. Martínez

Febrero 08, 2026

En política no todo debe resolverse con abrazos ni con gestos artificiales de unidad.

Cada cosa tiene su tiempo y su espacio. Sin embargo, lo que hoy vivimos rebasa la sana diferencia de ideas y se instala peligrosamente en la confrontación abierta, la polarización extrema y el desgaste social.

La actualidad política muestra una división cada vez más marcada entre fuerzas, colores e intereses.

Esa fragmentación no solo se expresa en discursos duros o descalificaciones públicas, sino que ha escalado a pleitos, enfrentamientos serios y ofensas que erosionan la convivencia democrática.

Los colores partidistas están tan bien delimitados que, en muchos casos, se anteponen al respeto básico entre personas.

Lo más preocupante es que esta tensión se traslada a los eventos oficiales, espacios que deberían ser de encuentro, alegría y celebración institucional.

En lugar de eso, terminan convertidos en escenarios de competencia, empujones y disputas por protagonismo. No hay orden, no hay respeto por los lugares asignados ni consideración hacia quienes representan legítimamente al pueblo.

La turba se impone, todos buscan estar en primera fila y el resultado es desorden, violencia y mayor división.

Antes, la política entendía la importancia de la inclusión.

Se invitaba a representantes de distintos sectores sin verlos como enemigos, sino como aliados circunstanciales en la construcción de acuerdos.

Hoy, en cambio, la presencia del “otro” se percibe como una amenaza.

Esto obliga a una reflexión seria sobre la organización y la logística de los actos públicos, especialmente aquellos donde participa una figura central como nuestra Presidenta nacional, Claudia Sheinbaum.

No se trata solo de seguridad, sino de conducción política, sensibilidad social y respeto institucional.

El pueblo quiere saludar a su Presidenta, sentirse escuchado y cercano, no ser parte de un coliseo romano donde gana el más fuerte o el más agresivo.

La política no necesita abrazos forzados, pero sí límites claros, orden, respeto y humanidad.

Solo así los eventos públicos volverán a ser exitosos, dignos y verdaderamente representativos de una sociedad que exige menos confrontación y más civilidad.