¿Por qué no creemos en los políticos?: crónica de una desconfianza anunciada

Lic. Abraham Ulises Parga Segura

3 de junio 2026

En marzo visité el Senado de la República y noté algo particularmente inusual; dos masculinos aparentemente de unos veintiocho años, uno con micrófono y otro grabando, estaban cuestionando de manera ‘incómoda’ a algunos legisladores. Al principio no le tomé importancia porque es muy común que la prensa increpe y cuestione de esa manera, no obstante, escuché ambiguamente que ambos jóvenes refirieron ‘Proyecto Escolar’ como su medio fuente de reportaje. Recientemente recordé tal anécdota, los investigué y vi en redes sociales el video publicado en abril de 2026 respecto de las preguntas incómodas a diversos legisladores.

Tal acontecimiento me hace reflexionar: ¿por qué no creemos en los políticos? ¿Y qué hacemos al respecto?… el 2027 está por llegar y con él también las incrédulas promesas de campaña y la típica politiquería de siempre. Hasta ahora todo eso ya lo conocemos y difícilmente lo creemos, pero considero que no somos lo suficientemente osados como para manifestar nuestra disidencia o envalentonarnos con insurgencia por temor a las represalias.

Porque ya lo vimos y vivimos mil veces y siempre es el mismo guión, si algo caracteriza a los políticos es tal vez la improvisación y falta de creatividad: llega un político o regresa el mismo con otro partido, te dice que «ahora sí las cosas van a cambiar», que él no es igual a los demás, que va a escuchar a la población y a rendir cuentas, se dan su ‘baño de pueblo’ tomándose fotografías con la señora del mercado o la vecina alborotadora de siempre, promete que va a reparar los baches, que va a hacer lo posible para que se suministre de manera eficiente el servicio de agua potable, que él no es corrupto y que va a acabar con la corrupción mientras que las personas en el mítin toman las tortas de jamón barato y aplauden porque pues qué más queda. Todo se da en un contexto de marginación, donde por ejemplo si no votas por el oficialismo te retiran los programas y apoyos sociales y/o compran tu voto muchas veces con dinero en efectivo, algunas otras con despensas o tinacos.

Pasan los meses y el bache sigue ahí pero ahora no es un bache, ahora es parte de un ‘Proyecto Integral de Restauración Urbana’, básicamente la misma problemática pero con nombre bonito en vías de solucionarlo sin que la solución realmente llegue algún día. El agua tampoco abastece la colonia popular pero ya formaron un Comité Ciudadano para estudiar el ‘inconveniente’. Mientras tanto, el hijo de la presidenta municipal ya es Presidente del Sistema Municipal para el Desarrollo Integral de la Familia (SMDIF) cobrando sueldo porque el hecho de que sea un cargo honorario no es impedimento para «recuperar la majia», [sí, magia con ‘j’]. Y no es que todos mientan, supongo que hay una que otra persona que sí quiere trabajar bien, pero no duran en el servicio público porque o los corren por estorban en las corruptelas, o se hartan de ese ambiente hostil y terminan por renunciar. El ‘sistema’ tarde o temprano absorbe a todos o todos tarde o temprano nos terminamos acostumbrando.

Y luego está el político que cree que uno es tonto; te dice que no hay dinero para medicinas, que «más sin embargo hay que apretarnos el cinturón» y al mismo tiempo saca un spot nuevo cada semana. Carísimo. Te dice que está «acabando con la corrupción» y al mes difunden la millonaria cantidad de dinero que ingresó al Ayuntamiento por motivo de claves catastrales en un fraccionamiento de viviendas en desarrollo de construcción cerca de la cabecera municipal sin que nadie realmente supiera de tal contribución. Cuando se hace mediática la situación no pide disculpas por haber omitido informar a la ciudadanía tal ingreso, dice tajantemente «¡Es una campaña de desprestigio orquestada por la oposición!», realiza un ‘en vivo’ a través de redes sociales y muestra lo más convincentemente posible su versión. Así todo hasta que te cansas de cuestionar y/o se te olvida.

Nosotros tampoco ayudamos, hay que admitirlo; nos gusta el político que grita, el que insulta, el que participa en ‘La Casa de los Famosos’, etc. Porque el que llega con estadísticas, con argumentos sólidos, con «miren aquí está el presupuesto»; ese nos aburre. Regalamos ‘like’ al que dice y hace de su vida un show, mientras que nos saltamos al que explica y debate con fundamentos. Luego nos quejamos de que no hay políticos serios, pues claro que no; el serio no vende, el serio no hace politiquería, el serio no lleva ‘acarreados’ a llenar las plazas públicas.

La confianza se va acabando, no de golpe evidentemente, nadie se levanta un día y dice «¡Ya no creo en nada!»; se va cayendo poco a poco, paulatinamente y a su tiempo. Hoy te prometen una cosa, mañana otra, pasado mañana te dicen que tú entendiste mal. A la tercera ya ni preguntas, te da risa, o peor, ya ni risa te da; te da igual, y es cuando inicia la apatía política, ya no te quieres involucrar de más.

¿Todo lo anterior tiene solución? No sé, considero que no. No creo que se solucione con otro discurso, con un Comité Anticorrupción más o con una Ley de Transparencia que nadie va a leer. Se arreglaría tal vez el día en que un político publique un contrato de licitación sin que se lo pidan, el día en que un candidato pierda una elección y se retire a su hogar sin vociferar ‘fraude’, el día en que los funcionarios toleren una pregunta incómoda sin bloquearte de redes sociales, denunciarte por violencia política de género y/o censuren tu medio de información. Pero no pasa. O pasa una vez cada cien años y lo aplaudimos como si fuera un milagro.

Así que uno vota porque toca. Porque si no acudes a votar luego te dicen que no tienes derecho a quejarte. Y es ahí cuando votas sin esperar nada, como quien compra un boleto de lotería, que aún sabiendo que no vas a ganar lo compras «por si las dudas». Y mientras tanto le crees más al vecino que te presta la escalera que al candidato que te promete el mundo, porque al vecino lo ves diariamente, si le quedas mal te confronta, no te manda a la fuerza pública para intimidarte o intenta desvirtuarte con ‘campaña sucia’.

Escribir esto es una forma de manifestar mi descontento, pero no sólo con los políticos, también con la sociedad por demostrar disonancia cognitiva. Y la propuesta o solución ante tal protesta es: eduquémonos, informémonos y cuestionemos.

Recordemos que la investidura de un funcionario no es divina, es efímera y terrenal; al igual que ‘Proyecto Escolar’, incomodemos a los políticos porque «si no hay resultados para el pueblo, al menos que no haya tranquilidad ni paz mental para el gobierno».

#ProyectoEscolar #Políticos #México #AbrahamPargaAbogado #OpiniónSLP