Toño Martinez
Enero 09, 2026
En el antiguo régimen todopoderoso pero vacío de democracia del Partido Revolucionario Institucional (PRI), copiada luego por otros partidos, existía una máxima de quién fuera líder de la mayor organización obrera de América Latina, la Central de Trabajadores de México (CTM), Fidel Velázquez Sánchez que reflejaba el control presidencial en procesos electorales: “El que se mueva, no sale (en la foto)» o sea el que se saltara las trancas quedaba descalificado.
Era un veto lapidario para que quienes tenían aspiraciones a buscar alguna candidatura no lo debían expresar y mucho menos promoverse porque esa decisión correspondía al «gran dedo electoral», es decir al presidente de la República o en su caso Gobernador de un estado o al presidente municipal, mediante la cúpula del PRI domesticado al servicio del poder, no del pueblo.
Apenas alguien asomaba la cabeza reconociendo sus pretensiones a ser presidente de la República, Gobernador o alcalde recibía la orden tajante del «Engarróteseme ahí» hasta que haya línea. Formato que permaneció vigente desde Plutarco Elías Calles fundador del PRI hasta Enrique Peña Nieto, cuando cayó estrepitosamente por su propio peso en práctica ignominiosas y humillantes y quedaron solo algunos pellejos.
En esa fecha 1999-2000 el PRI fue derrotado por una alianza entre los partidos Acción Nacional y Verde Ecologista y correspondió al presidente Ernesto Zedillo Ponce de León cerrar el ciclo del imperio político tricolor al anunciar que habían sido derrotados en los comicios del 2000.
El candidato de la alianza PAN-PVEM Vicente Fox Quesada obtuvo el 42.50 de los votos mientras que Francisco Labastida Ochoa del PRI alcanzo el 36.77. Fox llegó a la presidencia con una aprobación del 80 por ciento y sin ofrecer reparto de dinero ni una transformación de para construir una nueva República, como 18 años más tarde hizo el Movimiento Regeneración Nacional ( MORENA) creado por Andrés Manuel López Obrador.
¿Y que pasó? Se cayó el corral y se salieron los borregos equiparable a se abrió el infierno y hubo desbandada de diablos.
Ahora y contra lo mandatado por la Ley Electoral, la ansiedad de aquellos que quieren postularse para Gubernatura la, diputaciones, alcaldes andan desatados aprovechando todas las plataformas posibles y mas las redes sociales para filtrar su ambición electoral hacia el 2027 en el caso de San Luis Potosí, pero pocos, muy pocos son los postulantes serios, competentes, con mística de servicio, inteligentes y sin padrinazgos oprobiosos; la mayoría solo buscan hacer ruido para obtener algún cargo público, dirección, secretaría o regiduría para vivir del presupuesto público.
En su delirio político desbordado si nos fijamos, raramente hablan de la gente y se la pasan auto vanagloriándose y presumiendo chorizos de preparación académica, diplomas reconocimientos profesionales y en cargos públicos, o una relación con muchachones.
Disfrazan su ignorancia social en que la Ley Electoral no les permite exponer planes concretos hacia la gente, o porque se los piratean, pero de todos modos lo hacen.
Corresponde entonces al ciudadano la difícil tarea de ser muy acuciosos y rigurosamente analíticos sobre los que se exhiben ya como la gran oferta para gobernar, y los que vendrán.