Entre literatura, historias personales, personajes, experiencias, con un toque de comedia, los escritores Benito Taino y Alejandro Rosas llevaron al público asistente a la 50 Feria Nacional del Libro de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí por un «Viaje de Papel», en una Museo Universitario abarrotado.
La travesía comenzó cuando los anfitriones del viaje en el que compartieron cómo nació su vocación lectora y de qué manera la literatura y la historia transformaron sus vidas.
Benito Taibo recordó con precisión el instante en que descubrió el poder de la ficción: “El primer libro que leí fue ‘El sabueso de los Baskerville’, del genial Sir Arthur Conan Doyle… y me volví lector”. Para el autor, ese descubrimiento constituyó un parteaguas vital, defendió la lectura como acto de libertad y placer, lejos de la imposición escolar.
“Nos volvimos lectores y empezamos a disfrutar el mundo de la lectura sin obligatoriedad, por el puro gusto”, afirmó. En su intervención, subrayó que la literatura permite experimentar la otredad de los personajes, “meternos en la piel de otro, mirar con sus ojos, latir con su corazón”. Incluso evocó cómo la poesía se convirtió en herramienta de conquista adolescente, al asegurar con ironía que “la literatura mata carita”.
Por su parte, Alejandro Rosas compartió una infancia marcada por bibliotecas familiares, enciclopedias y relatos históricos narrados en casa. “Siempre hubo libros”, señaló, al describir un entorno donde convivían cómics, tomos de historia universal y lecturas médicas. Sin embargo, el momento decisivo llegó cuando leyó la historia de su bisabuelo revolucionario: “Ahí dejé la Segunda Guerra Mundial y me acerqué por completo a la Revolución”, contó.
Con su característico tono desenfadado, Rosas defendió la divulgación histórica como una forma narrativa que requiere estilo y perspectiva: “Lo importante no es qué contar, sino cómo contar”. Para él, la historia, cuando se cruza con la literatura, adquiere cercanía y fuerza emocional.
Ambos coincidieron en que la lectura no debe asumirse como castigo ni como obligación moral. Taibo fue enfático, “si no gozas lo que estás leyendo, deja ese libro y agarra otro”. En esa línea, cuestionaron prácticas escolares que alejan a los jóvenes de los textos en lugar de invitarlos al descubrimiento.
“Viaje de papel” cerró como una reivindicación del libro como objeto civilizatorio y experiencia transformadora. Entre anécdotas, citas literarias y confesiones personales, Taibo y Rosas recordaron que cada lector construye su propia travesía, y que en esa navegación íntima reside la posibilidad de entender el mundo —y entenderse a sí mismo— desde nuevas perspectivas.