Toño Martínez
La renovación de ayuntamientos constituye un negocio millonario que comienza con la venta de candidaturas a presidente municipal por parte de los dirigentes de partidos políticos, por sumas que oscilan entre 5, 10 y 20 millones de pesos dependiendo de los ingresos que reciben de recaudación directa y de aportaciones federales y estatales.
No todo queda ahí porque en ese principio de ganar y ganar las nuevas autoridades acostumbran poner al mejor postor algunas regidurías, especialmente la primera, y direcciones estratégicas como el Agua Potable, Instituto de la Vivienda y otras.
La primera regiduría es la encargada de supervisar el manejo correcto de los recursos presupuestarios- y no se entrega a personas por capacidad, ética o perfil sino que puedan comprarla y se cotizan desde 300 mil hasta cerca de un millón de pesos. Hay excepciones claro pero muy pocas.
Esa práctica corrupta ha sido de lo más común porque no deja huella y normalmente se da entre el aspirante, un intermediario y el dirigente del partido todo en lo oscurito.
Ya en el ejercicio del poder, el presidente municipal comenzará a aumentar ceros a su cuenta bancaria con el diezmo, o sea el porcentaje que le deja la ejecución de obras materiales como pavimentación, electrificacion, puentes, rehabilitación de escuelas, salones de usos múltiples en comunidades, sistemas de agua potable rurales y otras, dinero extra que blanquean con compras de ranchos, edificios y otros bienes que registran a nombre de familiares y amigos.
Ese famoso diezmo recorta el monto de inversión pública y ahí se originan obras de mala calidad.
Algunos ediles llegan a la desfachatez de reconocer sin pudor su enriquecimiento con el cargo como paso con Oscar Soni que como presidente municipal de San Antonio compro un rancho que denominó » Ramo 33″ (programa federal) gracias a los moches y mordidas de empresas constructoras a cambio de contratos para obras, o uno de Valles que a 3 meses para concluir su mandato presumió que cerraría con pavimentaciones por 160 millones de pesos -su utilidad por el diezmo seria de 16 millones de pesos-.
La alcaldesa de Aquismón Yolanda Cepeda concluyó su mandato con observaciones por 130 millones por obras no concluidas y otras ni siquiera iniciadas. La denuncia fue presentada por las nuevas autoridades de ese municipio.
En un año habrá la renovación de Ayuntamientos y la interrogante es ¿seguirá la misma cadena de corruptelas que impactan en atraso en el desarrollo material y social?