Por: Disidente
Hay nombramientos que parecen responder a la rutina legislativa, pero que en realidad contienen mensajes políticos de mayor alcance. La llegada de Higinio Martínez Miranda a la Presidencia del Senado pertenece a esa categoría.
Morena decidió que el mexiquense encabece la Mesa Directiva durante el tercer año de la LXVI Legislatura, en sustitución de Laura Itzel Castillo. La decisión se tomó en la plenaria de la bancada, aunque no estuvo exenta de tensión: Gerardo Fernández Noroña, quien aspiraba a repetir en el cargo, decidió no participar y posteriormente cuestionó que existiera un verdadero consenso.
Y ahí comienza la verdadera lectura política.
Higinio Martínez no es un recién llegado ni un político construido al amparo de la coyuntura. Su trayectoria en la izquierda mexicana comenzó hace más de cinco décadas y su nombre está estrechamente ligado a la construcción del llamado Grupo Texcoco, una estructura política que terminó convirtiéndose en uno de los pilares de Morena en el Estado de México.
Su fortaleza, por tanto, no está en la estridencia. Está en la experiencia, la negociación y la capacidad para entender cómo se mueve el poder.Y eso es precisamente lo que Morena parece necesitar en este momento.
El Senado que presidirá Martínez no será un Senado cualquiera. Será la Cámara alta durante los meses previos a las elecciones de 2027, cuando comenzarán a intensificarse las disputas por candidaturas, alianzas, gobiernos estatales y espacios de poder. El propio partido ya ha adelantado definiciones electorales en algunas entidades, mientras sus aliados, particularmente el PVEM y el PT, comienzan a marcar distancia en determinados estados para fortalecer sus propias posiciones.
En ese escenario, Morena parece apostar por un operador antes que por un tribuno.
La diferencia con Noroña resulta reveladora. El todavía presidente del Senado representa una política de confrontación, discurso directo y permanente exposición pública. Higinio Martínez ofrece otro estilo: menos espectáculo, más negociación; menos protagonismo personal, más operación política.
No significa que el nuevo presidente del Senado carezca de carácter o de grupo. Todo lo contrario.
Martínez llega con capital político propio, relaciones construidas durante décadas y una estructura que conserva influencia dentro de Morena. Precisamente por eso su designación también puede leerse como el regreso de una corriente política que, aunque no siempre ha estado en el centro de las decisiones nacionales, conserva capacidad de operación.
El punto delicado estará en la relación con los distintos grupos de Morena.
Porque mientras la dirigencia busca transmitir unidad, disciplina y orden rumbo a 2027, la realidad interna muestra que las aspiraciones personales y las disputas por candidaturas ya están comenzando a generar tensiones. El caso Noroña es una muestra visible de ello.
Higinio tendrá entonces una doble tarea: conducir institucionalmente al Senado y, al mismo tiempo, navegar las aguas políticas de una bancada mayoritaria que entrará de lleno en la competencia electoral. No será sencillo.
La Presidencia del Senado no otorga el control de Morena ni convierte a su titular en jefe político del partido. Pero sí coloca a Martínez en una posición privilegiada para construir interlocución con la oposición, conducir los debates y administrar los tiempos de una Cámara que será escenario inevitable de la disputa política rumbo a 2027.
Y hay otro elemento que no debe perderse de vista.
La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta una etapa diferente de su administración. Ya no se trata solamente de consolidar el proyecto iniciado en 2024. Ahora comienza el periodo en que Morena tendrá que demostrar que puede mantener cohesión, controlar sus propias disputas y llegar competitivo a las elecciones intermedias.
Las señales recientes apuntan precisamente hacia una mayor disciplina interna y un mayor control político de las candidaturas.
En ese tablero, Higinio Martínez parece encajar mejor que un perfil confrontativo.
Su nombramiento, por ello, puede interpretarse como una apuesta por la política tradicional de la negociación dentro de un movimiento que llegó al poder cuestionando muchas de las viejas formas de hacer política.
La paradoja es interesante: Morena, convertido ya en el partido dominante, comienza a necesitar algunas de las habilidades que históricamente permitieron a los partidos construir y conservar poder.E Higinio las conoce.
La lectura política
El mensaje de fondo no está únicamente en quién presidirá el Senado, sino en qué tipo de Morena quiere llegar a 2027.
La elección de Higinio Martínez parece indicar que, ante el crecimiento de las disputas internas, el gobierno y el partido necesitan operadores capaces de contener, negociar y ordenar.
No necesariamente significa que Morena haya dejado atrás la confrontación. Significa algo más pragmático: cuando el poder empieza a enfrentar su propia sucesión, la estridencia deja de ser suficiente y la operación política vuelve a convertirse en una herramienta indispensable.
Higinio Martínez llega al Senado en el momento exacto en que Morena comienza a jugar su siguiente partido.Y ese partido ya no se llama 2024.Se llama 2027.