INE bajo amenaza: la democracia mexicana, en riesgo rumbo a 2027

Dr. Jaime Chalita Zarur

La democracia mexicana enfrenta uno de sus momentos más delicados. De cara a las elecciones de 2027, el riesgo de debilitar, someter o corromper al Instituto Nacional Electoral (INE) no debe verse como un asunto exclusivo de partidos políticos o de quienes aspiran al poder. Es una amenaza directa a la confianza ciudadana, a la estabilidad institucional y al futuro democrático de México.

El INE no pertenece al gobierno en turno, ni a los partidos, ni a los intereses particulares de quienes ejercen el poder. Pertenece a los ciudadanos. Su razón de existir es garantizar que la voluntad popular se exprese libremente, sin presiones, manipulaciones ni subordinación a intereses políticos.

Cuando una autoridad electoral pierde autonomía, cuando sus decisiones se condicionan desde el poder o cuando sus integrantes responden a compromisos políticos y no a la Constitución, lo que está en peligro no es solamente una elección: es la legitimidad misma del sistema democrático.

México no puede permitirse regresar a épocas en las que el poder político era juez y parte de los procesos electorales. La historia nos enseñó que la democracia requiere instituciones independientes, contrapesos efectivos y autoridades capaces de actuar sin temor a quienes gobiernan.

Pero hay otro problema que no podemos ignorar: el modelo democrático parece mostrar signos de agotamiento. La desconfianza se generaliza, la polarización divide a la sociedad y los ciudadanos comienzan a cuestionar si las instituciones realmente representan y protegen sus derechos.

La democracia no se agota únicamente cuando se manipulan las elecciones. También se debilita cuando los ciudadanos dejan de creer en ellas, cuando la corrupción queda impune, cuando el poder pretende estar por encima de la ley y cuando las instituciones dejan de servir al interés público para convertirse en instrumentos de control.

Las elecciones de 2027 serán una prueba fundamental. No basta con instalar casillas, contar votos y proclamar resultados. Se necesita garantizar condiciones de equidad, transparencia, imparcialidad y certeza. Se necesita que cada ciudadano tenga la seguridad de que su voto cuenta y de que nadie puede apropiarse de su voluntad.

La independencia del INE debe defenderse sin distinción de colores, ideologías o partidos. Quien hoy está en el gobierno mañana puede estar en la oposición. Las instituciones democráticas, en cambio, deben permanecer por encima de las coyunturas políticas.

La pregunta de fondo es inevitable: ¿queremos una democracia que limite los abusos del poder o un sistema en el que quienes gobiernan también decidan las reglas, controlen a los árbitros y condicionen los resultados?

No podemos normalizar el debilitamiento de las instituciones ni confundir la concentración del poder con la legitimidad democrática. Ganar una elección no significa obtener un cheque en blanco para modificar las reglas a conveniencia.

México necesita recuperar la confianza, fortalecer sus instituciones y reconstruir un modelo democrático que responda a los ciudadanos, no a los intereses de quienes buscan perpetuarse en el poder.

Corromper al INE sería poner en riesgo mucho más que una elección: sería poner en riesgo la libertad de los mexicanos para decidir su propio destino.

La democracia no se defiende solamente en las urnas; se defiende todos los días, exigiendo instituciones independientes, gobiernos transparentes y ciudadanos dispuestos a no guardar silencio.

Porque cuando se pierde la confianza en las elecciones, se comienza a perder la confianza en la democracia. Y cuando la democracia deja de tener credibilidad, el poder puede conservar el gobierno, pero pierde algo mucho más importante: la legitimidad ante su pueblo.

@jaimechalita