La crisis real: valores y empatía en declive

Profr. Marcelino H. Martínez

Abril 30, 2026

Paz en comunidad el reto de responsabilidad ciudadana » hablar de paz en comunidad es hablar de responsabilidad compartida.

No basta con exigir orden, justicia o resultados desde la comodidad de una publicación; la paz se construye o se destruye con cada acción diaria de la ciudadanía.

Vivimos tiempos donde todo se vuelve viral. Ante cualquier suceso, la reacción inmediata es señalar, culpar y exhibir.

Es válido alzar la voz, claro que sí. Pero una cosa es exigir y otra muy distinta es convertir la crítica en grilla, en ataque sin sustento o en campaña de desprestigio, hoy eso ocurre, y claro no fortalecemos la democracia, la debilitamos.

La autoridad tiene responsabilidades claras, pero la sociedad también.

No podemos hablar de paz mientras contaminamos nuestros ríos, quemamos basura, dañamos nuestros bosques o normalizamos la falta de respeto en lo cotidiano.

No podemos exigir mejores gobiernos si no estamos dispuestos a ser mejores ciudadanos.

La verdadera crisis no es solo de seguridad o de gobernabilidad; es una crisis de valores, de empatía y de conciencia colectiva.

Nos hemos polarizado al grado de vernos como adversarios, cuando en realidad compartimos los mismos problemas y deberíamos construir las mismas soluciones.

La paz en comunidad exige carácter, exige ciudadanos informados, participativos, pero también responsables.Exige educar a nuestras nuevas generaciones con principios firmes, donde el respeto, la solidaridad y el compromiso social no sean opcionales, sino esenciales.

Hoy el llamado es claro, menos ruido y más responsabilidad. Menos división y más unidad.

Es verdad una comunidad que se confronta permanentemente no avanza; una comunidad que dialoga, que se respeta y que actúa con conciencia, progresa.

La paz no llegará sola, se construye desde la calle, desde el hogar, desde cada decisión que tomamos como sociedad. Y en esa tarea, no hay espectadores, todos somos protagonistas, de construir una buena familia y por ende una mejor sociedad participativa.