Toño Martínez
Dos frases, una intelectual y la otra coloquial son un contundente llamado de alerta muy a tiempo para razonar con libertad literal y visión fría que clase de políticos elegiremos el 6 de junio del 2027 para liderar al estado de San Luis Potosí y a los 59 municipios. La primera es del poeta y ensayista francés Edmund Thiaudi’ere quien afirmó que la política es demasiado seria para dejarla en manos de políticos y la otra, en lenguaje coloquial mexicano de Eligio Quintanilla González al advertir que «No hay que dejar la Huasteca (20 municipios ) en manos de pendejos» previo a las elecciones del 2018.
Las dos frases adquieren profunda dimensión y deben ser un llamado a la reflexión para los 704 mil 105 electores que componen la lista nominal del estado, hasta el 9 de julio de este año, en el supuesto que todos, incluyendo a los abstencionistas acudan a sufragar.
No es solo cumplir con una responsabilidad ciudadana, sino evaluar la experiencia de los gobiernos actuales en gobernanza, bienestar y funcionabilidad de los pueblos para secundar a los efectivos y no volverse a equivocar con mediocres.
Se trata de sustituir la seducción que buscan con políticas de regalos, compensaciones económicas o imágenes de aspirantes simpáticos, buena onda y sonrientes, por la revisión al grado de confiabilidad de sus propuestas, ideas y antecedentes de gestión.
Eligio Quintanilla ex alcalde de Ciudad Valles por dos ocasiones (fallecido recientemente ) sabía a lo que se refería cuando soltó la frase en una entrevista con el autor de esta columna, previo a las elecciones del 2018 dado el atorado avance de los municipios y el Estado. Por eso exhortaba a romper el viejo molde de elegir autoridades al «ahí se va». Tanto San Luis Potosí como los municipios requerían, como ahora, de gobiernos efectivos más que populistas o comprometidos con partidos y facciones privilegiadas.
Thiaudie’re criticó duramente al político aspiracionista que solo busca brillo o llenar su bolsillo y esos persisten agazapados detrás de una cara de bondad o de redentor. A tiempo, a tiempo.