Daniel Adame Osorio.
8 de junio 2026
El análisis de la realidad le ha bastado al hijo de AMLO para asumir que su escasa formación académica, precariedad cultural y formación política, le hacen retroceder de su objetivo onírico de tener una plataforma de lanzamiento desde ciudad de México e ir a la búsqueda de un distrito electoral en Tabasco, controlado por la superioridad de Morena.
Su desgaste incluso sin ocupar cargos públicos formales en la administración es evidente, al cuestionarnos sobre el origen de sus bienes que, por ejemplo, le hace comprar una obra de arte en medio millón de pesos, como un breve testimonio de ostentación de su vida pública.
Cada uno de los tres hijos de AMLO han hecho suyo el aforismo de que un político pobre es un pobre político. Hay ejemplos destacados como los de Adán Augusto, los Monreal, Noroña y tantos otros que, en la época de la 4T entregan los contratos a los más próximos y leales por adjudicación directa.
La titular de la jefatura del Estado y su élite política son desnudados por la realidad a casi ocho años de no austeridad, al frente de una camarilla de personas sin formación política dispuestos a seguir tomando un rol que no les corresponde.
Yo soy el pueblo, dirá Nadia Urbinati.
Por ahora, una sociedad aletargada por las transferencias de efectivo que aún son distribuidas desde las finanzas públicas, dan su visto bueno al obradorato, incluso a personajes como el hijo del caudillo.
Del Tintero.
La titular de la silla del águila ha dirigido un mensaje directo a la élite política de Washington. ¿Y los efectos ante el momento más convulso de la relación con los Estados Unidos y la revisión del TMEC? ¿Hay injerencia del gigante de América del Norte?