“SE APAGAN LAS VELAS Y LAS OFRENDAS, COMIENZAN LAS ENSEÑANZAS DE LA VIDA”

Profr. Marcelino H. Martínez

Todo en esta vida nos deja una enseñanza. Las festividades de Día de Muertos y Xantolo han llegado a su fin, pero las emociones y los recuerdos permanecen en nuestro corazón.

Visitamos los panteones, elevamos nuestras oraciones y colocamos en las ofrendas aquello que más disfrutaban nuestros padres, hermanos, abuelos y seres queridos. El aroma del copal, el color del cempasúchil, los cuetes y la música despertaron sentimientos de alegría, nostalgia y tristeza por quienes ya no están físicamente con nosotros.

También llegaron las lágrimas y, quizá, algunos arrepentimientos, aquel abrazo que no dimos, las palabras que lastimaron, las discusiones por cosas pequeñas, el orgullo que nos impidió pedir perdón y los momentos que dejamos pasar pensando que siempre habría otra oportunidad.

Y es precisamente ahí donde Xantolo nos deja una gran enseñanza, no esperemos a que alguien se marche para reconocer cuánto significaba en nuestra vida.

Hoy que todavía tenemos a nuestros padres, hermanos, hijos, amigos y familiares, aprendamos a disfrutar su compañía. Abracemos más, perdonemos, escuchemos y valoremos esos pequeños instantes que algún día podrían convertirse en nuestros recuerdos más preciados.

La vida es pasajera y nadie tiene asegurado el mañana. No permitamos que el egoísmo, el coraje o las diferencias nos roben la felicidad de compartir con quienes amamos. No tiene sentido alimentar resentimientos cuando todavía podemos construir momentos de amor y unidad.

Que cuando llegue el día de recordar, podamos hacerlo con una sonrisa y decir, gracias por la vida, por los abrazos, por las alegrías y por la dicha de haber compartido nuestro camino.

Porque las ofrendas se retiran, las veladoras se apagan y las fiestas terminan, pero el amor permanece.

Hoy estamos aquí, hoy podemos abrazar, amar, perdonar y disfrutar a los nuestros. ¡No dejemos para el recuerdo lo que todavía podemos vivir en el presente!