Miguel Ángel Guerrero Arriaga
El recinto del congreso del estado, tanto como sus habituales ocupantes, los diputados locales, ha sido, y han sido, respectivamente escenario de grandes escándalos y ellos, protagonistas de episodios vergonzantes para pena de la comunidad que dicen representar pero nunca, con todo y la gravedad de los hechos pasados sus instalaciones habían sido tomadas por un numeroso grupo de ciudadanos indignados e irritados por la aprobación de una ley que ha comenzado a ser utilizada como instrumento de represión y censura de voces críticas de los medios de comunicación y que se insiste en mantener vigente pese a que ya ha sido objeto de repudio y condenas por organismos nacionales.
Como es bien sabido, el pasado martes un contingente de activistas gente de medios de comunicación y ciudadanos comunes realizaron una marcha de protesta contra la mencionada bautizada como ley Serrano por haber sido autoría del diputado Héctor Serrano quienes exigían dialogar con el citado con miras a solicitarle la derogación de la susodicha ley que había propuesto e impulsado a lo que no accedió mientras el grupo de irritados ciudadanos llegaba frente al recinto del poder legislativo luego de que no salió a hacer frente a la manifestación y explicar los alcances de su repudiada propuesta.
Al no obtener la respuesta adecuada, los inconformes optaron por ingresar por la fuerza al recinto legislativo derribando una de sus puertas e impidiendo que continuara la sesión que debió suspenderse, pero ni así Serrano aceptó dialogar con ellos que ya habían tomado las instalaciones sentando un precedente que debe avergonzarlo pues una insensata iniciativa de él lo provocó.
No se olvida que el recinto ha sido habilitado como espacio para realizar ridículos bailongos o como marco de vulgares enfrentamientos verbales entre diputados que desde sus curules amenazaban o retaban a golpe a ciudadanos asistentes a sesiones en las que abucheaban su abusivo proceder, legislaturas que en gran medida contribuyeron a que los diputados locales fueran los más despreciados de la clase política por parte de la gente común.
También ha albergado legislaturas que se distinguieron por el reparto discrecional del presupuesto hasta acumular salarios francamente indignantes por lo exorbitantes y que hasta la fecha devengan, como igualmente estuvo aquella protagonista del mayúsculo escándalo conocido como la “ecuación corrupta” cuyos actores principales siguen como si nada hubiera pasado pero nunca se había llegado al colmo de que por culpa del mal accionar de sus integrantes la irritación ciudadana llegara al grado de provocar que tomaran sus instalaciones en un hecho que ya es conocido nacionalmente tanto como que fue motivado por una ley represora que atenta contra la libertad de expresión en un escándalo que mancha la imagen del estado como de sus instituciones que tuvieron como su epicentro al igual que su autor que ahora es el personaje más repudiado y despreciado en territorio potosino por las malévolas intenciones de su ley ante la que ojalá y que el gobernador intervenga para que sea enviada al cesto de la basura que es el lugar que le corresponde.