Lic. Abraham Ulises Parga Segura
Abril 21, 2026
Todas las personas estamos familiarizadas con la democracia, usamos ´democracia’ para todo; queremos elegir algo sin consenso múltiple: ‘democracia’, queremos hacer algo sin voluntad conjunta: ‘democracia’. Y siempre que nos solicitan una definición de ‘democracia’ al menos una vez en la vida hemos acudido al concepto etimológico [‘demos’: pueblo, ‘kratos’: poder… ‘poder del pueblo’], y está bien, en esencia eso define a la «democracia participativa» pero, ¿realmente existe la democracia?
El concepto de ‘democracia’ varía dependiendo del autor y puede haber tantas nociones como variables consideren pertinentes sus artífices. Por ejemplo, para Robert Dahl existe la democracia: ‘representativa’, ‘deliberativa’, ‘directa’, ‘liberal’, ‘multipluricultural’, ‘procedimental’, ‘sustantiva’, etc., y para él la democracia no es más que un ideal, un valor filosóficamente perfecto, al que las sociedades deben aspirar y sobre éste avanzar. Incluso, desde su perspectiva no existe en la actualidad un estado nacional democrático; sostiene que se trata más bien de hegemonías cerradas (con escaso debate público y nulo derecho de participación), oligarquías competitivas (con pleno debate público pero nulo derecho de participación), hegemonías representativas (con escaso debate público pero vasto derecho de participación) y poliarquías (con pleno debate público y vasto derecho de participación; lo más parecido a una ‘democracia’).
David Easton, por su parte, considera que la ‘democracia’ es un medio para conservar el sistema político, entendiendo al ‘sistema político’ como una estructura que asigna autoritariamente los valores en una sociedad, y que forma parte de otro sistema mucho más amplio, que es el ‘sistema social’.
En este orden de ideas resulta prudente reflexionar: ¿la democracia es una utopía? Si la democracia no existe como la concebimos, entonces ¿Qué forma de gobierno tenemos? ¿Una poliarquía tal vez? ¿La poliarquía es la mejor forma de gobierno? ¿Algún día llegaremos a ser democráticos?…
Por consiguiente, pareciera que la democracia se trata más de un horizonte que te hace caminar, pero no de un puerto que alguna vez te permitirá anclar. Porque como ‘ideal’ promete igualdad de poder, pero la humanidad no es igual en tiempo, interés o inteligencia. Entonces posiblemente sí, es una utopía que te da dirección para continuar pero que también te permite reclamar una mejor sociedad. Es un constructo social que no garantiza ser la mejor forma de gobierno, pero que proporciona estabilidad al crear una sensación de que todos ‘mandamos’ para evitar del mismo modo, que todos nos ‘matemos’.
Dahl sugiere que sustituyamos la palabra ‘democracia’ con ‘poliarquía’ para suprimir el término erróneo, pero recordemos también que lo que no se nombra en el vocabulario, no existe. Y si pretendemos eliminar algún día del vocabulario la palabra ‘democracia’, entonces estaremos aboliendo la utopía, porque si matamos la palabra, matamos la dirección; si sólo se vive de las palabras, nunca se dará el primer paso. Éstas son la sustancia que te permite accionar, pero también evolucionar.
Preocupémonos entonces cuando la democracia deje de ser promesa y se convierta en posesión, cuando pase de utopía a dogma, porque la democracia real, como todo lo humano, siempre es perfectible.
Así, como lo establece el artículo tercero de la Constitución Política del país, entendamos a la democracia no solamente como una estructura jurídica o un régimen político idealista, «sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo», porque como lo pregona Przeworski, la democracia procedimental/participativa es útil y vale la pena debido a que permite la renovación de los cargos públicos sin derramamiento de sangre, mantiene satisfecha a una mayoría de la sociedad y protege en gran medida derechos humanos y libertades.
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