«La educación no debe ser rehén de nadie»

Profr. Marcelino H. Martínez

Febrero 16, 2026

La educación no pertenece a un gobierno en turno, ni a una corriente ideológica pasajera.

La educación es un derecho humano fundamental y, como tal, no debe ser rehén de agendas políticas ni de experimentos sexenales que cambian con cada administración.

En México, la historia reciente ha estado marcada por distintas reformas educativas impulsadas desde el poder federal, desde la reforma promovida durante el gobierno de Enrique Peña Nieto hasta la llamada “Nueva Escuela Mexicana” impulsada en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.

Cada una con su narrativa, cada una con su justificación política y pedagógica, pero todas con un elemento en común, los maestros y maestras como operadores y, muchas veces, como campo de prueba.

Porque al final del día, quienes enfrentan el aula, quienes adaptan planes y programas, quienes sostienen el sistema educativo frente a la realidad social del país, son los docentes formados en las Escuelas Normales.

Son ellos el canal experimental de decisiones que nacen en escritorios, pero que se viven en salones con contextos complejos, carencias y desafíos reales.

La educación debe analizarse y estandarizarse bajo principios sólidos, la Constitución, los tratados internacionales, el respeto irrestricto a los derechos humanos y, sobre todo, a los derechos de niñas y niños.

No puede responder únicamente a visiones ideológicas ni a proyectos políticos de corto plazo.Debe tener una visión de Estado, no de gobierno.

Hoy México enfrenta una crisis más de discurso que de deber.

Se habla de transformación, de inclusión, de comunidad; pero el verdadero reto es construir planes y programas que respondan al contexto social sin perder rigor académico.

¿Qué ciudadanos queremos formar? ¿Hacia dónde queremos conducir al país?

Una nación no se construye solo con buenas intenciones, sino con educación de calidad,con valores firmes, ciencia, historia, ética, matemáticas, pensamiento crítico y visión de futuro.

Una educación que forme personas libres, informadas y responsables; no individuos moldeados por tendencias ideológicas del momento.

El debate continúa.

Y mientras en la esfera pública se confrontan posturas, en las aulas los maestros siguen siendo el laboratorio silencioso de cada reforma.

Son ellos quienes cargan con la autoestima curricular del sistema, quienes sostienen la credibilidad de un modelo que cambia constantemente y quienes, pese a todo, siguen formando generaciones.

La pregunta de fondo sigue vigente. ¿queremos una educación con raíces profundas y proyección de futuro, o una educación sujeta a vaivenes políticos?

La respuesta definirá no solo el modelo educativo, sino el destino mismo del país.